Il·lustració © Laia Arque

Ilustración © Laia Arque

Sufrir un TOC es algo jodido. Bien, en mi caso, concretamente, sufrir un TO sin compulsiones, también denominado Trastorno Obsesivo puro. Aquí las compulsiones consisten en rumiar (pensamientos repetitivos) sin fin, no en ningún ritual físico.

De un lado está bien porque se tiene un coco bastante inteligente, que aprecia muchos detalles. De otro lado, apreciar taaantos detalles te puede hacer volver loca.

Creo que hay mucha gente que le da muchas vueltas a la cabeza. El problema reside en que rumiar tanto te condicione ciertas conductas. Que estés mucho tiempo pensando, sin actuar. Porque no acabas nunca de encontrar la solución perfecta a aquello que te ronda por la cabeza.

No existe la perfección, ni la lógica pura y dura… porque todo está influenciado por mil factores diferentes y no somos autómatas que nos comportemos siempre igual. Tenemos que aceptar esto, que no somos perfectos, y tirar adelante tan bien como sepamos.

¿Qué más decir sobre yo y mi TO? Pues que hace mucho tiempo que convivimos juntos (con diagnóstico profesional, hace ya quince años) y que las tentaciones de rendirse son bien grandes… pero por un motivo u otro, siempre se va estirando un poquito más este hilo de vida. Esperemos que pueda ser durante unas buenas temporadas. Un hilo de lana bien gruesa, y de color verde esperanza.

Terminaré con un breve juego de palabras con la palabra “TOC” (siglas de Trastorno Obsesivo Compulsivo) y similares, que publiqué hará un tiempo en mi Facebook:

– ¡Toc, toc! ¿Es aquí?

– Sí, aquí somos unos cuantos con tics.

– ¡Y yo, que traigo la teca! ¡Galletas Tuc-tuc!

– ¡Y yo, que amenizo con unos cuantos tacatás!

Y tic-tac, tic-tac, fue pasando la fiesta hasta el último toque.

Laia Azcona