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¡Basta ya de vulneración de derechos!

Ilustración © Marta Bassart

Soy una persona con un trastorno mental diagnosticado desde el año 1998, pero no quisiera hacer una lista ni repasar mis crisis desde entonces, que han sido bastantes, más de las que quisiera, sino que me gustaría centrarme en la última como ejemplo de vulneración de derechos, y que hay que decir, ha sido la constante durante mis recaídas.

El día ocho de marzo fui al hospital de Granollers, al servicio de urgencias, acompañado de Dolors y Jordi, al constatar que mi crisis era tan profunda que no podía quedarme en casa, siendo un peligro para mí mismo, no para los demás. Creía que yendo voluntariamente sería diferente. ¡Qué iluso fui! Sólo llegar al box de psiquiatría de urgencias y escuchar las preguntas malintencionadas de los dos psiquiatras que me atendieron me di cuenta que era lo de siempre. ¿Alguien se ha hecho nunca la pregunta de por qué el box de urgencias en salud mental de Granollers es como una pequeña sala de torturas? Es pequeña, no: minúscula la sala donde tienes la sensación de que te interrogan y el box también es una habitación pequeña con una litera. Creo que es un lugar horroroso para todos todo el mundo, pero para la gente con sufrimiento psíquico aún más… ¿Creéis que no hay recursos para dar la bienvenida a la gente que sufre? Pues parece difícil creer que se haga así, intencionadamente.

Me medio convencí, medio obligué a pasar la noche en observación, como no podía ser de otra manera, me quedé solo, cuando el resto de los pacientes del hospital pueden quedarse con algún familiar, y lo que voy a explicar ahora ya no lo recuerdo tan bien. Lo que me cuentan es que rompí una cámara, algo de lo que tengo un vago recuerdo, y también dicen que agredí a un auxiliar, cosa de la que no tengo ninguna constancia memorística. Lo cual me hace pensar que se me debía aplicar contención química, lo que en argot callejero significa que te ponen hasta el culo de pastillas, sin saber qué estás tomando. Resultado: contención mecánica hasta el día diez de marzo que ingresé en planta. Si hacéis números esto son dos días atado a una cama sin poder hacer ni tus necesidades, por lo tanto, meándote y cagándote encima, literalmente. Para los que no estéis puestos en el tema, sólo comentar que la ONU dice que la contención mecánica es tortura cuando se aplica para fines punitivos, es decir, como castigo. Pero no hay que ser muy espabilado para entender que atar a una persona a una cama durante dos días no parece muy terapéutico. Después, hasta el día once de marzo estuve aislado sin poder recibir ni visitas ni llamadas y a partir del día catorce de marzo entra en escena el Covid-19 y nos confinan en la habitación. El día quince de marzo ya podemos salir de la habitación, pero con llamadas restringidas y sin visitas ni permisos hasta que les pareció bien darme el alta. Evidentemente yo no estaba recuperado y sólo gracias al apoyo mutuo antes, durante y después de la crisis, me he podido ir recuperando. ¿No os sonará extraño hablar de escuchar, entender, querer?… estar a tu lado en todo momento. Para mí, esto, entre otras cosas bonitas es el apoyo mutuo. Pero también lo es el hecho de saber estar en los momentos difíciles. Doy las gracias en especial a Jordi y Ester por estar a mi lado en los momentos buenos y en los difíciles especialmente.

Como os podéis imaginar viví un infierno, a pesar de tener bastante experiencia en ingresos hospitalarios. ¿Hasta cuándo tendremos que soportar la tortura en centros hospitalarios? Sólo quisiera con estas líneas invitaros a pensar cómo nos gustaría que nos atendieran desde los servicios de salud mental.

Yo lo tengo claro: ¡Basta ya de vulneración de derechos!

Toni Melé


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