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Coronavirus: El día después

Fotografía © Elena Figoli

Cuando toda esta situación de excepcionalidad acabe… Después de unos días, semanas e incluso meses toda la experiencia traumática que hemos vivido, al menos la mayoría de la población necesitará respuestas y ayudas.

Y, bajo mi punto de vista, no se vale patologizar ni medicalizar respuestas emocionales e incluso adaptativas como el miedo, la culpa, la tristeza, un desorden en el sueño por poner algunos ejemplos.

Hará falta buscar respuestas y herramientas acordes a la excepcional y extrema situación vivida. Una vez más creo que, no debemos buscar las causas en un problema individual y tratarlo como un problema de una persona que debe ser tratada con antidepresivos, ansiolíticos u otros psicofármacos. Las causas y las consecuencias son sociales debidas a una pandemia que nos ha tocado vivir y que considero que han sido muy mal gestionadas por los políticos, ya que se podrían haber reducido el número de infectados y de muertos de haber reaccionado con antelación y mayor contundencia desde un buen principio por ejemplo cerrando Madrid, el mayor foco de propagación y no obligar ir a trabajar a los empleados de empresas que no eran de esencial necesidad.

Harán falta más grupos de ayuda mutua, muchos cuidados colectivos, empatía, compañerismo, solidaridad, la continuación de las redes de apoyo que surgieron por los barrios de nuestras ciudades, más activismo sindicalista, activismo en salud mental, etc.

Habrá muchos duelos enquistados, difíciles de normalizar por todas aquellas familias que no pudieron despedir a los suyos, ni tan siquiera cogerles la mano en el último momento, que no pudieron honrarlos con un último adiós. Duelos que duraran tiempo.

Creo que el día después del Coronavirus habrá que recoger todos los pedacitos que quedaron de lo que un día fuimos para poder transformarlos…

Yo he sentido y siento mucho miedo, no sé si desproporcionado porque me da la sensación que no nos ha llegado toda la información importante a tiempo o porque hemos estado tan sobreinformados como desinformados.

He temido por la vida de los míos y aún estoy asustada por ello. Yo ya vivía con un diagnóstico psiquiátrico y he sentido mucha ansiedad, insomnio, ideas obsesivas, irritabilidad, enfado, mucha fragilidad, etc.

Aun así he mantenido bastante la calma, tratando de mantenerme ocupada con tareas que requerían de mi máxima atención, teniendo contacto con mis seres queridos aun en la distancia o con entretenimiento puro y duro como ver series o películas. He convivido en pareja las veinticuatro horas del día durante siete días a la semana. Todo un desafío y también un aprendizaje.

Tengo ganas de volver al activismo en salud mental. Bien, nunca lo he dejado, he seguido llevando las redes sociales de ActivaMent, formando parte del equipo de edición del Blog de esta misma entidad, asistiendo a asambleas y GAMs (grupos de ayuda mutua) semanales ambos por videoconferencia gracias a la plataforma de Jitsi Meet.

Pero necesito ver como éste antes y después afecta a las personas que formamos ActivaMent y a las personas que se acerquen a partir de ahora. De cómo podemos organizarnos o reorganizarnos según las necesidades que nos encontremos y que nadie se quede atrás. Esos llamados cuidados colectivos de los que hablaba, de la posibilidad de que a través de las videoconferencias ya instauradas nadie se quede aislado y seguir con las alianzas que se han hecho durante este tiempo de confinamiento.

No será fácil convencer a nuestros psiquiatras de que una posible dificultad para salir de casa después de un largo confinamiento no es necesaria etiquetarla como agorafobia y no necesitamos una pastilla. O que una extrema tristeza por haber perdido a un ser querido y no poder haberse despedido de él no es una depresión. O que después de tanto estrés durante tanto tiempo no hace falta diagnosticarnos estrés postraumático, o ¿van a hacerlo con la mayoría de la población?… Sino que lo que necesitamos son más grupos de ayuda mutua para compartir malestares y darnos apoyo para seguir hacia adelante, más y mejores formas de organizarnos colectivamente, más acompañamiento entre iguales, más aprendizajes de supervivencia, autoconocimiento y no hacer como que no ha pasado nada. Y más psicólogas/os ya que una cosa no inválida la otra y antes de esta situación ya íbamos escasos de ellas/os.

Muchas veces en salud mental, después de una crisis muchas personas pretenden que olvidemos lo que ha pasado, que pasemos página, que lo olvidemos. Y no, hay cosas que no se pueden ni deben olvidar, porque dan sentido a lo vivido y nos dan herramientas para no recaer o en caso de vivir una situación similar hacerlo lo mejor que podamos teniendo a nuestras espaldas aprendizajes desde la veteranía. No podemos evitar, en gran medida, que esto se repita, pero si la forma de enfrentarnos a ello.

Mònica Civill Quintana


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