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El confinamiento en soledad

Ilustración © Francesc de Diego

Quizás mi manera de llevar la vida actualmente, condicionada por el problema de salud mental que derrumbó todos mis cimientos, ha hecho que este período de confinamiento no me sea duro, pues he estado largo tiempo encerrado en casa. Vivo sólo desde hace ya más de diez años.

Lo primero que me viene a la mente es que en realidad siempre hemos estado confinados, confinados en este planeta y en nuestro cuerpo, condicionados a sus leyes de la naturaleza y tal. Por tanto, un confinamiento más.

Y en cuanto a la soledad, nunca hemos estado solos. Si puedo escribir en este ordenador, es porque cientos de personas han estado pensando, diseñando, en la mina sacando los materiales, fabricando, trasportando y vendiendo hasta que llegó a mis manos. La de personas que trabajan para que no me falte la luz ni internet… No estamos solos y uno siempre está consigo mismo.

No podemos abrazarnos ni tenemos contacto piel con piel, pero hay medios tecnológicos que nos acercan.

Puedo entender la ventaja que me proporciona la soledad, respecto a las personas que viven el confinamiento en compañía; tengo el piso para mí solo, por tanto, no hay roces de convivencia.

Pero esa falta de convivencia también trae consigo la falta de contacto humano, los acompañados disfrutan de cercanía, y yo de paz.

El destierro social al que se me empujó por el problema de salud hizo que, aislado, mejorara una relación que aún quedaba y la única con la que podía contar: la relación conmigo mismo.

Y menos mal que hemos aprendido a llevarnos bien, entenderse a uno mismo a veces es difícil. Eso no quiere decir que no tenga mis incongruencias, tampoco hay que fustigarse.

El confinamiento puede ser esa oportunidad para mejorar esa relación, aprender a escucharse, aprender como tu cuerpo te habla (cuando tienes hambre ya lo sabes, pero a veces comes y no es porque tu cuerpo quiera comida…).

Reconocer como tu emoción te habla, antes de aumentar su potencia y perder las riendas, es importante en el automanejo.

Estar solo en estos momentos de confinamiento no me supone esfuerzo, ya que me apoyo en las tecnologías. Hago mi vida, pero sin salir; si antes para regar mis relaciones debía desplazarme, ahora puedo hacerlo en el calor de mi casa.

Quería aprovechar para agradecer, que siempre es importante, a todas las personas que han hecho posible que este escrito llegue a tus ojos. Mis padres que me concibieron, profesores y mentores, todos los que pusieron su grano de arena en mi reconstrucción, y gracias a los que forman parte ahora de mi vida.

Daniel López Casulleras


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