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El coronavirus y yo: Qué me supone la crisis actual

Fotografía © Alba Monfort

Muchos de nosotros ya estamos acostumbrados a vivir así, sin casi salir de casa. Quizás porque sufrimos agorafobia, o quizás depresión, o quizás porque alguna medicación nos deja muy tocados, etc. Incluso, muchos de nosotros hemos sido cerrados en psiquiátricos sin poder pisar la calle durante muchos días, incluso meses, sin móvil, con visitas muy restringidas y con continuas prácticas que vulneran los derechos humanos (como por ejemplo las contenciones mecánicas). Y a pesar de que se desaconseja por salud mental permanecer en casa encerrados, para muchos de nosotros esto no es nuevo. Aunque también es cierto que para muchos es una vía directa a una crisis personal que juega contra su bienestar y su salud.

Pero lo que sí que es nuevo es vivir con esta incertidumbre, esta falta de recursos tan brutal, esta inseguridad de no disponer de médicos… Esto, a mí personalmente, me genera mucha angustia, y supongo que a la mayoría también. Además, nos han alejado de nuestra red de apoyo, no solo de la familia y amigos, sino de nuestros psicólogos, psiquiatras y asociaciones. Sí, muchos hacen la tarea en línea, pero no es lo mismo, o por lo menos no para mí.

Aparte, siento mucha presión porque no quiero tener un brote, no es buen momento, nunca lo es pero ahora menos, ya que la sanidad está saturada. Pero claro, me preocupa mucho la situación, me preocupa mi familia, me preocupa la gente que quiero y tengo miedo, miedo y angustia, y todo esto puede ser detonante.

Pero hoy me he despertado con la intención de hacer un cambio de chip, estar tan asustada y amargarme no me hará ganar nada, a la inversa. Ojalá lo consiga, aunque para mí no es fácil, yo ya vivía preocupada y angustiada por todo antes, así que ahora todavía más, pero tengo que intentar controlarme por el bien de mi salud mental.

Por instantes todavía me cuesta creer todo lo que está sucediendo. De hecho, hace unos meses estaba contenta porque mi hermana había acabado el grado de enfermería y había decidido dedicarse al mundo de la salud mental; y pensé que mi trastorno había servido para que ella encontrara su vocación. Pero, con todo lo que está pasando, ya no me gusta tanto la idea.

Egoístamente preferiría que se pudiera quedar en casa y no corriera tanto riesgo de infectarse. ¡Cómo pueden cambiar las cosas en tan poco tiempo, ¿eh?! Pero bien, estoy orgullosa de ella, es una valiente que, a pesar de que yo le dije medio en broma medio en serio que lo dejara, ella decidió luchar, con todos sus compañeros, por nuestra salud y por el bien de todos.

¡GRACIAS A MI PEQUEÑA, A TODOS LOS SANITARIOS Y A TODAS LAS PERSONAS QUE SE ESTAN EXPONIENDO POR EL BIEN DE TODOS!

Te quiero con locura tata, eres una gran persona y te admiro. ¡Ánimos y mucha fuerza!

Alba Urso


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