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Perspectiva de Género y Salud Mental

Fotografía © Elena Figoli

La perspectiva de género continúa siendo una asignatura pendiente en salud mental. Esto hace que se sigan produciendo vulneraciones de derechos y violencia hacia las mujeres psiquiatrizadas.

Todo esto hay que enmarcarlo en la sociedad heteropatriarcal y machista en la que vivimos, donde los roles de género que han sido transmitidos e interiorizados de generación en generación y definidos cultural y socialmente continúan teniendo mucha importancia a la hora de definir las conductas de hombres y mujeres desde la infancia, mediante los procesos de socialización (educación tanto en la familia como en la escuela), y porque están presentes en el imaginario social de todos, muchas veces de manera inconsciente.

Los estereotipos o roles de género en la mujer nos verían como más débiles, sumisas, indefensas, preocupadas por los demás y con una alta emotividad, según las conclusiones del XXXII Congreso Nacional de Enfermería en Salud Mental (1).

El doble de mujeres que de hombres tiene una peor percepción de su estado de salud y acude antes a pedir ayuda tanto a atención primaria como a centros especializados de Salud Mental (2). Probablemente por el rol social de que las mujeres reconocen y expresan con más facilidad que los hombres sus sentimientos, sensaciones y percepciones.

Esto provoca un sesgo sexista en los profesionales de la salud mental (y de otras especialidades médicas). Éstos nos verían (a las mujeres) como más frágiles y con mayor vulnerabilidad para enfermar. Hay una predisposición mayor a diagnosticar a las mujeres de depresión y/o ansiedad y a ser medicadas y sobremedicadas porque a menudo se patologizan sentimientos o situaciones que provocan malestar en la vida cotidiana de la mujer que se encuentra en desigualdad estructural ante el hombre, y no por un problema individual en el cerebro de la mujer (3). Mientras que hay una mayor tendencia a diagnosticar a los hombres de trastorno antisocial y/o adicciones, según un estudio difundido por la American Psychological Association (4).

Se debería al hecho de que las mujeres llegan antes a los servicios de salud mental y en cambio los hombres llegan a los servicios de salud mental, normalmente, cuando ya no pueden más, muchas veces a urgencias cuando ha habido una crisis grave. Esto hace que el diagnóstico y la prescripción de psicofármacos sea muy diferente en hombres y mujeres.

¿Por qué se dan estas situaciones? Por qué a las mujeres se nos atribuye las funciones de cuidadoras de la familia, de expresar los afectos, de la atención de las personas en general y el menor valor de nuestras tareas (trabajos menos cualificados, trabajos domésticos sin asalariar, cuidar de personas dependientes, etc.). A los hombres se les atribuye la actividad laboral fuera de casa y mejor posicionada, toma de decisiones, mayor valor y poder.

Las mujeres sufrimos mayor estigma, por ser mujeres y por tener un diagnóstico de trastorno mental. Sufrimos peor salud física, mental, emocional y social. A las mujeres se nos receta más psicofármacos que a los hombres tratando de medicalizar un problema que es psicosocial, poco tiene que ver con los psicofármacos y está directamente relacionado con la cultura patriarcal en la que vivimos, siendo España el país del mundo que más receta psicofármacos en atención primaria, mayoritariamente destinados a mujeres (2).

Si bien nuestro colectivo (discapacidad psicosocial) sufre una de las mayores discriminaciones en cuanto al acceso al mundo laboral en relación con otros colectivos con discapacidad, la mujer sufre el doble (5). La mujer se continúa relacionando con el ámbito privado, mientras que el hombre se relaciona con el ámbito social. Esto hace que la mujer sufra este doble estigma.

Además, según la Encuesta Nacional de Salud de España (6), la prevalencia de trastornos mentales entre las mujeres trabajadoras es seis veces mayor que entre los hombres trabajadores.

A pesar de todo esto, la desigualdad de género en el mundo de la salud mental todavía es ignorada. Y esto hace no sólo que no se tengan en cuenta los malestares de las mujeres que llevan a un empeoramiento de nuestra salud mental, sino a violencias a las mujeres psiquiatrizadas que han sido denunciadas por la ONU, tales como la esterilización forzosa y los abortos coaccionados (sin su consentimiento), entre otros (7).

Otro caso extremo es el de la violencia de género contra las mujeres con problemas de salud mental. A pesar de que tres de cada cuatro mujeres con problemas de salud mental han sufrido este tipo de violencia (8) todavía no existen recursos de acogida específicos para mujeres con trastornos mentales. Muchas veces el hecho de tener un problema de salud mental hace que el sistema cuestione su condición de víctimas bajo argumentos tales como que su relato no es veraz dado su problema de salud mental.

De este modo las mujeres nos encontramos desprotegidas y excluidas de los recursos, incluidas aquellas situaciones en las cuales se constata violencia. Y nuestros derechos quedan desamparados.

Por lo tanto, a la hora de valorar la salud mental de las mujeres desde una perspectiva de género habría que tener en cuenta: el malestar psicológico de las mujeres producto del heteropatriarcado y condicionamientos sociales y culturales de éste, el sufrimiento psíquico y emocional como resultado de nuestra propia experiencia vital teniendo en cuenta los roles de género, por supuesto la influencia de la educación en los mandatos de género, la precariedad e inseguridad en el trabajo, la menor remuneración, la desigualdad de oportunidades, el desgaste en las tareas de la casa y del cuidado de las personas dependientes (niños y personas mayores), etc.

Acabaré este artículo del mismo modo que lo he empezado… La perspectiva de género continúa siendo una asignatura pendiente en salud mental. Esto hace que se sigan produciendo vulneraciones de derechos y violencia hacia las mujeres psiquiatrizadas. Creo que como sociedad no podemos seguir mirando hacia otro lado que no sea el de los derechos y bienestar de las personas, y por tanto también de las mujeres.

Mònica Civill Quintana

Referències:
(1) AESM. (2014) Conclusiones del «XXXII Congreso Nacional de Enfermería de Salud Mental». Burgos.
(2) Valls, C. y Loio, N. (1996) ¿Todas locas o un gran negocio? MyS. Mujeres y Salud, 36(8), 22-24.
(3) Guzmán, G. y García-Dauder, D (2019). La publicidad de psicofármacos: vende pastillas, produce género. La Lokapedia.
(4) Ford, M. R., & Widiger, T. A. (1989). Sex bias in the diagnosis of histrionic and antisocial personality disorders. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 57(2), 301–305.
(5) AVIFES (2018). Investigación sobre la calidad de vida de las mujeres con enfermedad mental.
(6) Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. (2017). Encuesta Nacional de Salud ENSE, España 2017. Monográfico sobre Salud Mental.
(7) Committee on the Rights of Persons with Disabilities. (2019). Concluding observations on the combined second and third periodic reports of Spain.
(8) Confederación Salud Mental España. (2017). Informe sobre el estado de los derechos humanos de las persones con trastorno mental en España, 2017.


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