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Desembarazarse de la etiqueta enganchada

Ilustración © Sergi Balfegó

Los problemas de una persona con trastorno mental comienzan el primer día que somos diagnosticados con una etiqueta psiquiátrica.

El otro día me fui a hacer una colonoscopia a Sant Joan de Déu, y la enfermera, cuando tuvo mi historial delante, lo primero que me dijo con un tono que me pareció de sarcasmo: «Esquizofrénico, ¿verdad?«. Hubiera estado un buen rato hablando con ella educadamente, haciéndole ver lo que os quiero transmitir a vosotros, pero cuando tienes una etiqueta de este tipo, tienes las de perder, por un único motivo, no tienes ningún tipo de credibilidad.

Es por ello que desde aquí quiero hacer un llamamiento a los profesionales y también, por qué no, a los familiares, sobre los diagnósticos psiquiátricos. Deberíamos procurar entre todos que la etiqueta que ponemos a una persona con trastorno mental no sea tan demoledora, ni que acompañe de por vida al usuario. Deberíamos revisar el diagnóstico cada ciertos años y procurar que estas nomenclaturas de enfermedades no tengan tanto eco a todo nivel.

No podemos ir pidiendo perdón por ser como somos, ni ir explicando cómo nos sentimos o cómo nos encontramos en cada momento. Soy un creyente y un ferviente defensor de que todos los trastornos mentales tienen margen de mejora, desde un estado depresivo a un TLP. Y me gustaría haceros llegar esta creencia a vosotros los profesionales.

Yo sé que algún compañero de la profesión, ante personas con serios problemas de salud mental, deciden tirar la toalla y darles por casos perdidos, diciéndoles que tienen que aprender a vivir con ello, que lo tendrán para siempre, etc.

Oí a una psicóloga, en una charla TED, que decía: «tenemos que cambiar el tratamiento por el trato«, y pensé qué gran verdad. Hay veces que un abrazo es el más potente de los ansiolíticos, y ya no digo una arenga, en plan, tú lucha que te puedes salir, que ya verás como tú puedes, que eres muy inteligente y buena persona, etc.

Es por eso que os pido que no os rindáis nunca, que nadie como vosotros sabe de lo que es capaz la mente, y que cuando tengáis un usuario al que no sepáis cómo ayudarle, no lo veáis como un caso sin solución, seguro que buscando, buscando, hay una salida.

A veces hay que tener empatía para ponerse en el lugar del usuario, sin juzgarlo, intentar ser él por un momento, ¿qué es lo que haría yo en esta situación?

No os tenéis que escudar en vuestra bata blanca, debéis bajar del pedestal y arremangaros la camisa, en vez de decir: «Tienes un delirio, tómate esto y vuelve dentro de dos meses«; decid: «Cuéntame tu delirio, háblame de él, tómate tu tiempo, respira y comienza a hablar, te escucho«.

Tenemos que cambiar, tanto vosotros como nosotros, como los familiares que nos cuidan, pero no se trata de hacerlo de un día para otro, sino poco a poco, con plena conciencia de que lo que estamos cambiando es para mejorar, no para ir para atrás. Y es por eso que es tan importante la labor que se lleva a cabo en proyectos como los Prospects, donde la voz de las tres patas que conforman el taburete de la Psiquiatría que queremos se ponen en común, para sumar esfuerzos y para mejorar todos juntos la calidad de vida de las personas que hemos tenido a lo largo de nuestra existencia un problema de salud mental.

Dicen que el tiempo lo cambia todo. Esto es lo que dice la gente, pero yo creo que no es verdad. Hacer cosas cambia las cosas, no hacer nada, deja las cosas exactamente como estaban. Y es por eso que yo os animo a hacer cosas, cosas para mejorar el mundo de la psicología y la psiquiatría, sé que puedo confiar en vosotros, no me defraudéis.

Ánimo y fuerza.

Josep Franch Barba


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