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Cogito, ergo sum

Ilustración © Jordi Serra

«Cogito, ergo sum«, decía Descartes en el siglo XVII (creo recordar); es decir «Pienso, luego existo«. Me preocupa la cognición, cuando la definen los expertos se refieren a las capacidades de atención, memoria, cálculo, etc. Es decir, el conocimiento.

Sea como sea, yo tengo menguadas mis capacidades cognitivas, ya sea por la esquizofrenia o por lo que sea. Soy incapaz de leer un libro entero y de ver una película entera. Hace años que no voy al cine porqué me exige paciencia en ello y por no poder salir a fumar mientras estoy dentro del cine… Es algo terrible la ansiedad que tengo cuando estoy dentro del cine. Pero es que en casa tampoco aguanto ver una película en la tele: entre la publicidad que interrumpe, que no me motiva el argumento de la peli, que tengo que levantarme para ir a la cocina, que me llaman, que un Whatsapp, que pitos y gaitas, no puedo centrarme en ver ni un sólo capítulo de ningún culebrón, ni de ninguna peli. Tal vez algún documental llego a completar todo el film, pero con esfuerzo de atención.

Tengo decenas de libros en casa sin terminar. Algunos no los he empezado nunca, otros los he empezado a leer, pero he abandonado en la primera página o en la 20, pero no más allá. Luego, pasado el tiempo, me olvido de ellos y de lo que decían. Me regalan libros, me invitan a presentaciones, compro libros que prometen por el tema que tratan y, sin embargo, se me hace cuesta arriba prestar atención a todo ese cúmulo de palabras juntas, que me mareo tan sólo de hojear el libro. Consigo leer algunas frases, pero es imposible que durante una tarde, unas horas, unos minutos tan sólo, durante bastantes días, me centre en una historia escrita.

Por eso un día me dije: leeré y escribiré poesía, que es un género más breve, así se hace más digerible. Y leí y escribí poesía, sí, muy bien. También me gustan los artículos, y leí y leí artículos y artículos, hasta leyes y manuales, guías, etc. Devoraba todo eso, porque eran lecturas más llevaderas, ágiles, o menos teóricas.

Cuando fui a las formaciones de Obertament, me di cuenta que el tema del estigma me interesaba, y así presté más atención a lo que se decía al respecto, no sólo en la formación presencial, sino fuera de ella. Había dado en el clavo, justo lo que necesitaba saber, que no hay quién comprenda las enormes dificultades derivadas de las dificultades cognitivas de quien tiene trastornos mentales.

Cuando se habla de acatisia, se habla de la incapacidad por estar sentado, callado o quieto durante un buen rato. De manera, que la persona con acatisia necesita constantemente, con breves intervalos, levantarse y hacer algo, o ir a alguna parte, aunque sea para no hacer nada. A mí, ciertos informes me dijeron que yo tenía acatisia. Eso fue en un intervalo de tiempo corto, cuando se intentó cambiarme la medicación una vez en el pasado. No obstante, mi déficit de atención, mis problemas de concentración, y mi memoria desmemoriada, vaga y caprichosa hace de mi un ser vagabundo de las redes, que comparte información, que a veces lee, otras no, pero que necesita poner en práctica la lectura (por breve que sea), la escucha de música (genial acompañante en los momentos de soledad), la contemplación de material audiovisual cómo videos pedagógicos, noticias, documentales, etc., que me llamen la atención por algo. En esas actividades me encuentro en mi salsa, a pesar de todas las dificultades a nivel cognitivo, puesto que mis niveles varían constantemente.

La dificultad de tener mi mente en un equilibrio entre actividad y sosiego, trabajo y ocio, concentración y relajación, me supone un reto al que me enfrento cada día, y por el que me esfuerzo en mejorar, poniendo de mi parte. «La inspiración tiene que cogerte trabajando», decía uno. El caso es que cuando el trabajo fluctúa tanto, y tus actividades son tan dispares y tan alternas en el tiempo, no hay quien ponga orden en el caos.

Del orden y el caos también hablaban los filósofos clásicos. Pero eso ya es otro tema, lo dejo aquí, con el suspense de haber propuesto este tema de la cognición a debate. Seguro que much@s de vosotr@s os encontráis igual, o parecido. ¿Qué me decís?

Dani Ferrer Teruel


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