X

Destapaos la venda de los ojos y ved la realidad

Ilustración © Laia Arque

¿Quiénes sois vosotros para decirme que tengo un Trastorno Mental Severo (TMS)? ¿Por qué vosotros habláis con un lenguaje que en teoría yo no lo tengo que entender, porque soy la paciente? Venga, no sabéis con quién habláis. No es que sea de otra galaxia, o especial, no, es que resulta que me he ido conociendo, poco a poco, en toda mi vida, desde los 18 años digamos, hasta los 42 añitos más o menos.

En este momento existencial de mi vida, donde vierto lo que tengo dentro de mí, porque hasta ahora lo tenía cerrado bajo llave, en la plaza pública (donde la gente intercambia ideas-pensamientos-sentimientos-emociones), yo puedo decir en voz alta que me estoy investigando a mí misma para determinar si realmente tengo un TMS o más bien lo que yo tengo es dado por una trisomía de la x y un padre súper autoritario, sobre todo en una infancia infeliz.

¿No serán las conductas extrañas en mí vaticinadas por una trisomía de la x? Tengo tres cromosomas del cromosoma sexual y esto da unos efectos secundarios como por ejemplo alteraciones del habla, lenguaje, dislexia, ansiedad, depresión, alteraciones en las funciones motoras, dificultad en la comprensión y las matemáticas, crecimiento muy rápido de los huesos, etc.

Yo sé, hipotéticamente, que con tanta pastilla me han envenenado el cerebro y posiblemente el TMS me viene de aquí. Lo sé porque he tenido que sufrir una insuficiencia renal aguda. La hemos podido salvar a tiempo… pero cada analítica siempre miramos los baremos de dos elementos, que son la creatinina y el filtrado glomerular, muy importantes para el buen funcionamiento del riñón.

¡Todo se complica con las pastillas!

Vosotros, los psiquiatras, no me comprendéis. Desde el primer momento que no razonáis lo que yo planteo y si lo razonáis, lo hacéis sentados desde vuestro sillón, ¿y os quedáis ciegos de sabiduría salcediana? ¿No será que dudar de vosotros, los psiquiatras, os desagrada muchísimo, si éste poner en duda lo hace una paciente, que muestra unas conductas que llamáis «extrañas» y ya rápidamente me atribuís un brote psicótico?

Quizás deberíais revisaros las definiciones de vuestras palabrotas en lugar de continuar como hasta ahora.

Quizás deberíais escuchar más a los pacientes y hurgar en la herida e ir a la raíz del problema señores míos.

Quizá no deberíais empastillar tanto a la gente, a mí, que estoy sobremedicada y nado a contracorriente, pero el mar bravo me empuja hacia la cascada de brotes psicóticos mal entendidos, mal curados y con intentos de que yo y los demás nos olvidemos de los mismos para pasar a tomarnos toda la porquería medicamentosa.

¿Quién narices sóis? ¿Con qué autoridad me decís a mí, que me he estado estudiando durante muchos años, que lo que realmente tengo es un brote psicótico?

Si hace falta preguntad más al paciente, procurad hacer relaciones de ideas, usad la lógica para pensar, que os quedáis muy cortos. Perdonadme, pero os lo tenía que decir. Todo el personal sanitario de la salud mental debería estudiar dos asignaturas de Filosofía: a) Lógica y b) Filosofía del Lenguaje.

En esta doble investigación mía, es decir, volver a mirar todos los informes psiquiátricos y encontrar estas conductas en mi larga vida ha sido duro, pero no pesado y, entonces, he hecho lo mismo con la trisomía de la x (también llamada Triple-x o 47,xxx. Pensad que la mayoría de la gente tiene 46 pares de cromosomas, pues yo tengo 46 + 1). ¡Y me he encontrado!

He encontrado situaciones donde aparecía la trisomía de la x. No hay tantas causas de conductas «extrañas» raras o fantasmas. Así pues, concluyo que, y cogiéndolo en pinzas, creo que yo no sufro ningún TMS.

Hay otra cosa: mi padre. No os puedo explicar lo que me hizo, aquí, entre líneas quizás sí, pero el texto quedaría manchado por la fechoría que produjo en mí cambios corporales y mentales para el resto de mi vida. Aún hoy en día arrastro esta lacra, por un ser… que no merece ser llamado Ser.

Además, noto en mí una desesperación absoluta por no poderme explicar del todo y, encima, tener que sentir unas explicaciones malsonantes por parte de los psiquiatras, tanto de Barcelona como de Vic. Porque entre todos nos ponéis nerviosas. Sí, tal vez alzamos la voz, los nervios nos traicionan y todavía nos ponemos más alteradas, y ala, para el hospital.

Una persona sin TMS puede enfadarse, se puede alterar, se puede poner nerviosa y la dejan estar, nosotras, tenemos las mismas reacciones y de la oreja ya nos llevan al hospital. Esto es estigma.

Estoy harta de tantos psiquiatras que se creen dioses-diosas y que no revisan/no hacen caso a mi petición: por favor, poneos a pensar un ratito.

Sònia Salcedo


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