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¿Perdemos nuestros derechos?

Fotografia © Elena Figoli

Ayer, a las 9 y cuarto de la mañana, salió la sentencia de los presos políticos (Sánchez, Cuixart, Junqueras, Forn, Bassa, Romeva, Turull, Rull y Forcadell). Y hay quién dice que no tiene nada que ver con la salud mental. Disculpad, pero tiene que ver y mucho. Gran parte de la sociedad catalana, harta de que el Estado español decidiera por Cataluña, consideró que quería la independencia, no vivir subyugada a otro Estado. Una buena parte de las personas con diagnóstico de trastorno mental, harta de que la sociedad decida por nosotros, consideramos que queremos ser autónomas, no vivir bajo la tutela legal, o de hecho, de la sociedad. Este símil se entenderá mejor si voy al detalle.

No quiero que nadie decida como me tengo que gastar el dinero por el hecho de tener un diagnóstico, ni de qué parte puedo disponer y de cuál no. Esto mismo pasa entre Cataluña y España.

Yo no acepto que me digan si puedo llevar una vida autónoma o no, es mi vida y soy yo quien decido. También es decisión de la sociedad catalana si quiere ser independiente o no.

Tengo derecho a expresarme y a quejarme si considero que una situación no es justa, no importa si me dan permiso o no. La sociedad catalana tiene derecho a expresarse, quejarse o manifestarse si lo considera. Los presos políticos solo permitieron y crearon las herramientas porque esto sucediera. No es una cuestión de política, sino de derechos.

Si yo no sigo aquello que la sociedad espera de mí, sin haber cometido ningún delito me pueden privar de libertad en el servicio de agudos de psiquiatría o en un centro de media o larga duración. Los representantes políticos elegidos por la sociedad catalana por su programa independentista son privados de libertad (y condenados entre todos a casi 100 años de prisión) porque no hacen aquello que el Estado español espera que hagan, sin haber roto la legalidad española. El derecho a autodeterminación europeo forma parte del corpus legal español porque se aceptó con la Carta de las Naciones Unidas y el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, como ley superior prevalece sobre la santísima Constitución española y la «indisoluble unidad» que habría querido Franco; como la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU pasa por encima de lo que diga la Constitución o el hospital de turno.

Yo no puedo echar o negarle su poder sobre mí al político de Madrid, como no le puedo impedir a la sociedad que diga que no puedo vivir la vida que yo decido tener. Pero puedo incidir en mi entorno más próximo con más facilidad, del mismo modo que tengo más posibilidades con el político en Cataluña que en Madrid. ¿Por qué? Porque lo tengo más cerca y puedo insistir más (tocarle las narices, vaya) hasta que me haga caso, así de simple. Esto no impide que pruebe también de incidir a un nivel más amplio.

Hay quién dirá que son la pobreza, la salud, el trabajo, las necesidades de las personas en definitiva lo que importa, y que la política es un tema secundario. Es tan grave, insolidario y corto de miras como decir que cada cual se vaya a su país de origen porque primero tenemos que vivir como es debido los que hemos nacido aquí. Todo es importante. Si queremos que se respeten nuestros derechos, tenemos que respetar los derechos de los demás. El 155 ha afectado, y mucho, las entidades y las personas de este país, y de esto no se habla, se culpa a la parte de la sociedad catalana que desea la independencia. Si aceptamos el recorte de derechos de la sociedad catalana, estamos negando el derecho a nuestra propia autonomía como personas psiquiatrizadas. Todos tenemos derechos, y no podemos luchar por nuestros dejando de lado los de nadie. No hay personas de primera y de segunda, y punto.

Trabajamos para cambiar muchas cuestiones relacionadas con nuestros derechos en salud mental. Hay quien no nos apoyará, cuando querríamos que lo hiciera, pero todo el mundo es libre de hacerlo o no. Tan solo pedimos que no nos impidan el ejercicio de nuestros derechos. Opinemos A, B o Z sobre la situación política en Cataluña, que tal si miramos de no impedirle los derechos a la sociedad catalana que quiere la independencia? Porque a mí no me gusta nada que me impidan ejercer mis derechos como persona psiquiatrizada o que venga alguien y me encierre en un centro hospitalario sin tener en cuenta mi opinión…

Martina Vergés


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