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¿Por qué nadie habla del suicidio?

Fotografia © Alba Monfort

Por qué nadie habla del suicidio y por qué nadie habla de los que se van, de los supervivientes y de los que se quedan. La sensación de muerte certera nunca se olvida.

Por qué nadie habla de las circunstancias que conducen a un ser humano a desear quitarse la vida y a intentarlo, en múltiples ocasiones, en muchos casos. Por qué sí se habla desde la opción cómoda de por qué ciertas personas deciden quitarse la vida cuando esta es tan hermosa, tan maravillosa, tan dulce, dicen… Por qué estas personas no se plantean la vida desde el respeto en primer lugar a los cuerpos, necesidades y decisiones ajenas y por qué no piensan en la realidad que viven y vivimos muchos y muchas. Por qué nadie piensa en una vida en la que no es posible pagar el alquiler, no hay vacaciones, no hay dinero, ni esperanza, ni ilusión, ni domingos, ni fiestas, ni viajes, pero sí deseo sin cumplir, si ganas amputadas por dolores físicos fuertes, por dolores mentales insoportables, por una cabeza cuyo peso es de plomo por las voces, por las visiones, por el llanto, por los ataques de ansiedad, por las convulsiones, por los golpes contra la pared, por los cortes, por intentar dormir y que las heridas de las piernas cicatrizando te muerdan, porque las visiones no te dejan cerrar los ojos o porque estos mismos se cierran y abren de forma convulsa, ¿por qué creen ustedes que muchos y muchas deciden arrojarse por las ventanas?

Me pregunto si han probado a asomarse con los pies a una de ellas y sentir el cuerpo ya impactando en el suelo y sentir esa calma que no tienes en vida. Me pregunto por qué analizamos la cuestión política y pensamos que algo puede cambiar, me pregunto por qué no miramos a nuestro lado y no nos preguntamos lo mismo: para que algo cambie algo ha de importarle a alguien. ¿Les importa a los políticos? Pero la cuestión es: ¿les importa a ustedes? Me pregunto por qué no pensamos en la dignidad que nos arrancan, en las decepciones, en cuanto alguien arrebata el trabajo de otra persona, sus ideas, su sustento y nada te ampara, seas lo que seas, trabajes en lo que trabajes, y del mismo modo te arrancan tu casa, la luz, el agua y el alma. Me pregunto por qué nadie se plantea qué sentido tiene seguir adelante cuando tu vida es sufrimiento físico y mental y nada te sujeta ni sostiene, me pregunto cuánta gente cree que en momentos en los que el ser humano se convierte en apenas en dolor, cansancio y llanto alguien o algo te ampara, me pregunto si creen ustedes que amistad, familia, sistema sanitario existe en momentos así.

Les invito a conocer nuestro sistema de salud mental y les invito a acudir a cualquier servicio de urgencias (o lo que sea) en estos caso. ¿Cómo puede mejorar alguien que no puede trabajar pero ha de hacerlo? ¿Cómo puede mejorar alguien que no tiene acceso a tratamiento médico? ¿Creen ustedes que este es el primer mundo? Ecos del tercero existen aquí mismo, en su misma calle… Verán entonces cuánto hemos avanzando en esta sociedad. Me pregunto cómo es posible que muchos y muchas digan que este lugar, este Facebook, el que mi nombre lleva, les resulta deprimente, pero cuando a ellos y ellas les muerde un dolor pequeño o una subvención que no han cobrado o un libro no publicado eso sí les deprima de un modo importante y me pregunto también por qué siguen mirando y codificando y guardando la información que aquí aparece si tan insoportable les resulta mirar esta extensión mía que es la palabra y esta palabra y este discurso. Me pregunto por qué se bajan ciertas miradas y existen ciertas huidas cuando en la calle nos vemos las caras. Hay que asumir lo que se fomenta. Y dirán ustedes que aquí se fomenta el dolor y el sufrimiento y la parte más oscura y yo podré decir que sólo me importa quien me habla desde este lado: el de la realidad real. Y desde ese lugar solo me importa quien escribe y dice y me dice: gracias por hablar, gracias por decir pues yo no alcanzo, no puedo, no me lo permiten (claro, eso ustedes no se lo imaginan que hablar es un lujo…).

Y lo más curioso de todo es que todo esto de poco o nada servirá excepto cuando yo o alguien decida de nuevo saltar por la ventana no como decisión cobarde como muchos y muchas piensan sino por decisión consciente y es entonces cuando todo importará, al de al lado, a quien ejerce la política interior y exterior y a quien en tantas ocasiones decidió bajar la vista o empeorar la vida de quien tiene al lado en vez de tender la mano y cambiar la tristeza cercana y con eso el mundo entero.

No queremos ver nada hasta que la nada misma nos devora. Y la cuestión es que todos moriremos y la vida es siempre igual para todos. Incautos aquellos que ven a quien esto escribe, a quien ha sobrevivido, a quien lucha por sobrevivir como alguien menos digno, como alguien más cobarde, como alguien fácil para colocar su pie encima. Poco saben de la vida, ustedes, desde su lado blanco, desde su protesta contra el sistema dentro del sistema, desde su hipocresía, desde sus pequeños lugares de poder, bares que mienten, espacios que mienten, presentaciones de libros que mienten, espíritu alternativo que tan solo es el nombre moderno del ego o de quien cree que conocer a los demás es leer un post de Facebook aunque sea tan largo como este. Cuál es su lugar deberían preguntarse, pues lo que apoyan crece y crece con su/vuestro apoyo.

Mi respeto, mi cariño y mi función estará siempre del lado de quien conoce la realidad real, de quien sufre o ha sufrido y principalmente de quien decidió arrojarse por la ventana, pues nuestro deber es contar las circunstancias que preceden a ese hecho.

Y saldré hoy a la calle y seguiré recibiendo consejos que no he pedido, que no necesito y que confirman que vivimos en mundos completamente alejados de la realidad, por expreso deseo nuestro de protección frente a la desesperación misma. Aunque nos llenemos la boca de grandes discursos.
Solo cuando alguien muere se toman medidas, porque el hecho vence a la hipocresía. Hecho que os vencerá y nos vencerá a todos y todas.

Hablar aquí, así y en cualquier parte también es ejecutar cierto salto que no augura nada bueno, pero que sin embargo es necesario. Se trata de dar testimonio, se trata de compromiso, un compromiso real y diario.

Ana Vega


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