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La esperanza y los falsos positivos

Ilustración © Rosa Rubio

Creo que cuando hablamos de falsos positivos tan sólo personas entendidas y los activistas en salud mental contra el estigma sabemos a qué nos referimos.

Esta afirmación la hago porque lo he comprobado con las personas de mi entorno que son ajenas al mundo de la salud mental: no saben a qué nos referimos cuando somos críticos con estas afirmaciones que relacionan genialidad artística y problema de salud mental.

Pero, ¿qué quiere decir exactamente eso de los falsos positivos? Intentaré aclararlo. Hay una serie de tópicos sobre las características que tenemos las personas que pasamos o hemos pasado por un problema de salud mental. Entre estos tópicos se encuentran unos que son de carácter negativo: somos violentos, impredecibles, perezosos, débiles, sin voluntad, y un largo etcétera. Y otros de carácter positivo como son la genialidad, la sensibilidad artística, poseedores de una creatividad extrema, que se atribuye sobre todo en momentos de crisis o similar a todas las personas que tenemos un trastorno mental.

Yo quiero aclarar, también, que pongo en duda el binomio genialidad y locura como algo inseparable: no todos los genios tienen o tenían un trastorno, ni todas las personas con un trastorno son genios artísticos por sí mismos. Esto lo tengo claro. Aun así os confesaré que en mis momentos de depresión aguda, cuando me encontraba en el más oscuro infierno, el hecho de saber que determinados personajes del pasado habían sufrido un trastorno anímico severo, como es el trastorno bipolar, para mí representaba un plus que me ayudaba a iluminar la lucha titánica que yo tenía que hacer para salir del pozo.

Pintores y escritores como: Edward Munch, Paul Gauguin, Vincent Van Gogh, Leo Tolstoi, Hermann Hesse, Ernest Hemingway, Henrik Ibsen, Virginia Woolf, Victor Hugo, Edgar Allan Poe, Graham Greene, Maxim Gorky, Mary Wollstonecraft, Sylvia Plath, Giorgia O’Keeffe y muchas más…

Saber que todas estas personas, a pesar de sus crisis, fueron capaces de dejarnos un legado lleno de creatividad suprema representaba para mí un resquicio de esperanza para salir adelante. Me agarraba a esta idea en momentos de desesperación para decirme que mi sensibilidad también podía plasmarse a través de la creatividad de la pintura o de cualquier actitud crítica hacia algunos convencionalismos que me desagradaban. Me ayudaba a reafirmarme en la lucha por superarme. Y a partir de este recordatorio empezaba mi lucha para flotar hacia la superficie. Es posible que la creatividad te ayude a sobrevivir, me decía yo en aquellos momentos. Y con este convencimiento he luchado.

Estos creadores me servían de referentes positivos. Aunque yo no sea genial, sí que la creatividad me ayuda a sobrevivir. Y es por eso que necesitamos referentes en el presente: famosos que en la actualidad estén dispuestos a salir del armario y anuncien su trastorno con la naturalidad de la vida misma. Su referencia ayudaría a demostrar que no hay que esconder algo que no es malo en sí mismo, sino que forma parte de esta vida estresante que tendemos a enaltecer equivocadamente. El sueño de la fama también ayuda a enfermar, y los escondites están tan llenos que las estadísticas delatan la epidemia: 1 de cada 4.

En fin, que con o sin famosos del presente, yo me conformo con los artistas del pasado como un motor más que me llena de esperanza.

También me quedo con esta reflexión de mi amigo Vincent Van Gogh: «Desde luego que para el arte, donde se tiene necesidad de tiempo, no estaría nada mal vivir más de una vida«.

Rosa Rubio


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