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Mi vida paralela entre mi salud mental y mi orientación sexual

Ilustración © Mireia Azorin

Estos dos conceptos son clave en mi vida. La principal conexión entre ellos es que yo no pedí ser «diferente».

Pronto supe que me gustaban las mujeres, casi cuando todo estaba a punto de desbordarse y yo de «debutar» con una depresión mayor, allí por mis 11-12 años.

Es curioso la de cosas que tienen en común mi orientación sexual y mi mala salud mental. Yo no decidí ninguna de las dos, no se trata de una decisión: simplemente sentía y sabía que me gustaban las chicas y simplemente una serie de circunstancias hicieron que manifestase una serie de síntomas que según el criterio de un psiquiatra me diagnóstico depresión mayor (mi primer diagnóstico).

De ambas circunstancias yo me avergonzaba. Ambas situaciones me causaban mucho dolor. Es obvio que la depresión causa mucho sufrimiento psíquico pero es que pensar que yo era lesbiana también me provocaba sufrimiento. Lo mío me costó aceptar que era lesbiana, hasta 5 o 6 años más tarde y lo llevé bastante en secreto. Ambas situaciones eran tabú, compartían el no hablar de ello, el ser objeto de vergüenza para mí.

Hubo un momento de empoderamiento de ambas situaciones, sobre todo cuando mi familia supo que era lesbiana y lo aceptó por allí los 24 años. Y un tiempo más tarde después de cargar con otras dos etiquetas diagnósticas igual de dolorosas (trastorno alimentario no especificado y trastorno bipolar) pude no tener miedo ni necesidad de esconderme de lo que yo era o tenía: era lesbiana, tenía problemas de salud mental. Muy importante no soy una bipolar (eso implicaría que soy en esencia este trastorno), tengo trastorno bipolar.

Hola, soy Mònica, tengo 42 años, me gusta escribir, hacer teatro, adoro a mis sobrinos, cuando puedo me encanta viajar, mi color preferido es el lila, ¡Ah!, y estoy casada con una mujer y tengo un trastorno mental. Ejercicio muy sencillo creo para comprenderlo.

Más tarde me sorprendí a mí misma enamorándome de varios chicos. Después del dolor y trabajo personal que había soportado «mis piedras en la espalda» el reconocerme e identificarme con una manera de sentir, con un colectivo, al fin y al cabo con una etiqueta en ese momento me sentí huérfana, no sabía otra vez qué era, quien era yo, ¿qué me daba identidad?

En mi experiencia en el mundo de la salud mental, como muchas otras personas, sabemos mucho de etiquetas y de cómo duele que te etiqueten de loca, nerviosa, depresiva, bipolar… Y de todo el estigma asociado a las personas con trastorno mental: peligrosas, débiles de carácter, inestables, no confiables, con deficiencias cognitivas etc. y cuando haces tuyas todas estas etiquetas el llamado autoestigma no es tan diferente al que yo tenía cuando era adolescente y pensaba que por ser lesbiana mi familia no lo entendería y me rechazaría, que la gente pensaría que odio a los hombres, se preguntaría si yo soy la que hace de hombre o de mujer, que no podría ser madre, todas estas ideas preconcebidas y falsas sobre un colectivo que no cumple con las expectativas de la normativa imperante ya que cuestiona el patriarcado.

Y aunque el primer diagnóstico pueda ser algo liberador porque resulta que lo que te pasa tiene un nombre y le pasa a más gente y es tratable, de la misma manera reconocerte con una orientación o identidad sexual te hace sentir o conectar con una parte íntima de ti misma pero también con un colectivo que lucha por los mismos derechos. ¡Por algo existe el día del orgullo LGBTI y el día del orgullo loco!

Después de quedar huérfana de mí ya pasado lesbianismo, ¿qué me quedaba? ¿identificarme cómo bisexual? No me gusta el término ni el concepto en sí. Me di cuenta que me enamoraba de las personas que me seducían afectiva, sexual, erótica, intelectual, platónica, y todos los mentes imaginables. Supongo que soy diversa. Está muy de moda el término diversidad sexual y me gusta este concepto porque es muy amplio y no excluyente. El caso es que mi primer amor fue una chica y me he casado con una mujer. He amado a hombres (la mayoría excepcionales, por cierto) pero yo me imagino un constructo que va de lesbiana a heterosexual. He tenido relaciones lesbianas y relaciones heterosexuales pero si tuviera que definirme en este constructo la balanza se inclinaría hacia el lesbianismo. (¿por qué es masculino si hablamos de mujeres que se aman?).

En definitiva, conocerse, reconocerse, sentirte identificada, etiquetarte o que te etiqueten… Es tan parecido en el mundo de la salud mental como en mi orientación sexual…

Yo he sufrido mucho por ser diferente, por no cumplir con la orientación sexual normativa y por ser diagnosticada de trastornos mentales, lo he escondido en el instituto, en la universidad, en trabajos, y eso no puede ser bueno, lo que es invisible no existe, y mi vida debía ser visibilizada, ahora lo sé. Y ahora me siento más relajada. Nunca imaginé que me casaría con mi novia y vestiría de blanco como soñaba de pequeñita y mi familia estaría allí orgullosa de mí. Nunca imaginé que, aunque con mucho esfuerzo y no siendo siempre fácil, llevo una vida bastante normalizada y lo más importante estable en cuanto a salud mental se refiere desde hace ya varios años.

Ahora me siento fuerte y sé que no tengo ningún problema por ser diferente. En todo caso lo tiene esta sociedad patológica que nos quiere a todos cortados con el mismo patrón mental y sexual para considerarnos «normales». ¿Alguien me puede explicar que es ser normal?

Mònica Civill


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