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¡Dios mío, No tengo Habilidades Sociales!

Ilustración © Urco (Josep Durán)

Un día por la tarde en el que me encontraba hiperactivo mentalmente, me viene a la cabeza la frase: “¡Dios mío! ¿Que no recuerdas que no tienes habilidades sociales, Dani?“. Y luego digo: “Escribiré un artículo sobre el tema“. Las personas con psicosis carecemos de habilidades sociales, según suelen decir todos los estudios, libros, profesionales, etc.

De rebote me veo a mí mismo y me digo: “Dani, ¡eres un desastre! No tienes habilidades sociales, por eso eres un ser solitario, rumiador y vagas por este mundo con la mente a Saturno y hacia Marte“. Entre los dos planetas están mis piernas, los brazos, el abdomen y el tórax en la tierra, pero la mente la tengo esparcida por alguna órbita inexplorada… Bromas aparte, hay un axioma de la comunicación que nos enseñaron en Obertament que dice: “Todas las personas comunicamos constantemente. Como mínimo, comunicamos que no nos queremos comunicar“. Pero la sociedad es así, todo el mundo se comunica constantemente, sea con lenguaje verbal o no-verbal; estés en el tren, en el avión, o en una clase, reunión o conferencia; estés en la calle o estés en casa; estés rodeado de muchísima gente en un concierto, estés con tu pareja o estés tú solo. Porque en el fondo la humanidad somos animales sociales, animales que necesitamos relacionarnos para conseguir estar mejor con los demás, con nosotros, para conseguir cosas o conseguir que pasen cosas. Aunque a menudo la humanidad somos animales sociales por cuestión de supervivencia. Nos han traído al mundo y algo tenemos que hacer aquí. Al menos distraernos, trabajar mucho, pasar glorias y penurias, pero en el fondo, lo que nos gusta es ser gregarios. La humanidad es gregaria por definición.

Entonces, ¿qué nos pasa a las personas con psicosis ?, ¿con esquizofrenia?, ¿con algún TEA? ¿No somos sociables? ¿No somos gregarios? ¿No nos comunicamos? La respuesta es difícil de explicar, aunque los estudiosos de estos trastornos, y los mismos que lo sufrimos, podemos confirmar estas dificultades para relacionarnos, comunicarnos, ser sociables o gregarios. Precisando más, diría que nos relacionamos con el entorno y nos comunicamos con los demás de formas alternativas, raras, extrañas, a veces bizarras. Sin embargo, nos relacionamos y nos comunicamos, siempre a nuestra manera. Y de maneras hay muchas, cada uno sabe la suya.

Es entonces cuando… ¡Tachán! Aparece el genio de la lámpara mágica y escribe un libro que se llama: “Inteligencia emocional” (Daniel Goleman). Daniel como yo !, aunque no tengo nada que ver. Pero la gente, no contenta con el éxito de su libro superventas, no se queda corta y sigue añadiendo adjetivos al sustantivo “Inteligencia”, que si “Inteligencia social“, “Inteligencia alimentaria“, y un largo etcétera de libros de diferentes autores y autoras hablando de las diferentes “Inteligencias”, aparte de las “Inteligencias múltiples” (Howard Gardner). Con lo cual llego a concluir que la “Inteligencia” como sustantivo, puede tener muchos amigos, es decir, adjetivos. Como también puede tener enemigos, si llegáramos a concluir que: Sólo faltaría escribir sobre “La inteligencia no-inteligente” o “La inteligencia poco inteligente”. Entre tantas inteligencias me he vuelto tonto y he perdido el hilo del artículo: estábamos hablando de habilidades sociales…

Bueno, al fin y al cabo, ya os he dicho lo que quería decir: Que las personas con psicosis, esquizofrenia o TEA tenemos dificultades para relacionarnos, somos poco sociables, nos cuesta ser gregarios, nos cuesta comunicarnos… Ah, sí. Y si no tenemos inteligencia social es: ¿Porque nos falta socializar con inteligencia? ¿Porque nos falta inteligencia para socializar? ¿Porque nacimos así? ¿Para que la sociedad necesita de personas que no tengan inteligencia social? ¿Porque la humanidad es psicodiversa? Me da igual. Aunque a veces es mejor saber cómo hacer frente a estas carencias, que a algunas personas las lleva al éxito y la gloria, y a otros a la miseria y la derrota. “No hay nada que dure 100 años“, dice un refrán.

Dani Ferrer


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