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Hacer red y activismo en salud mental

Ilustración © Sergi Balfegó

A finales del año pasado se presentó un informe -el tercero- que recoge noticias de origen local e internacional publicadas los años 2016 y 2017 con la salud mental como protagonista. Obertament y el Grup Barnils han dado a conocer un nuevo trabajo profundo y necesario para los periodistas y esperamos que esta alianza plasmada en el Observatori de Mitjans i Salut Mental continúe dando ejemplo a fin de que los trastornos mentales no sean tratados con sensacionalismo en la prensa. Son demasiados datos los presentados y se recomienda analizarlos poco a poco. Me quedo con las palabras de los periodistas Natàlia Vila (Ara) y Fidel Masreal (El Periódico de Catalunya). Ella aterrizó en el mundo de la salud mental gracias a un artículo donde una persona reconocía que no había confesado su problemática en su trabajo durante tres décadas. Ella se acercó con cuidado y respeto al protagonista. Él sufrió la depresión de su madre y curiosamente le escribió un libro pero no quiso que ella se entrevistara con sus colegas para airear sus vivencias.

El elegante Palau Macaya también oyó las palabras de activistas en primera persona, lo que más le falta a la población en general. Testigos que hablen de recuperación, justo cuando el panorama de los medios de comunicación no invita a que el enfoque mejore si no hay una relación de confianza entre periodistas y entidades como ActivaMent y Obertament. La prensa trata bien ciertas temáticas sociales y lucha contra la discriminación en varios colectivos. Pero qué pasa con el paro de las personas con un trastorno mental, la ocultación en el trabajo, el deber de reparar los daños cuando se ha reproducido un mensaje erróneo. Las mismas fuentes oficiales contribuyen a que alguien como nosotros sea siempre sospechoso de cometer actos violentos, no se nos ve como víctimas y en las informaciones sobre gente en nuestra situación ya nos podemos felicitar si se redactan con un estilo neutro, sin caer en prejuicios o un uso inadecuado del lenguaje.

Ante esta lucha contra los textos morbosos, tan extraño es que un periodista no tenga «amigos» periodistas como que todos ellos no conozcan a alguien con una experiencia en primera persona. Yo estudié Periodismo y ejercí unos años. No confesé nada de mi trastorno cuando trabajaba y no fue hasta que se organizó la primera cena multitudinaria de antiguos compañeros, después de muchos años, que utilicé el Facebook para abrirme emocionalmente. Tanto tiempo callado, tímido. Fue positivo dar el paso. Esperamos que la gente famosa se anime en el mismo sentido y que, como cualquier persona anónima, encuentre soporte y apoyo a su alrededor, más que miedos y suspicacias.

Recupero ahora un sueño con personas de la universidad. Justo cuando me tocaba a mí ser entrevistado brevemente me he levantado de la cama y me ha hecho un poco de rabia este final abrupto. Suelo sufrir sueños incómodos y eso que nunca he sido discriminado. ¿Qué le pasará a aquellos que pueden firmar páginas y páginas de malas prácticas y hechos denunciables en su contra?

Bueno, mi salida, como la de muchos otros, ha sido el «redivismo», o sea, hacer red con quien ha sufrido cosas parecidas a mí y meterme en un activismo que opta por no callar. He participado en charlas con menores, estudiantes y profesionales y, sobre todo cuando me he sentido bien, incluso más de la cuenta, intento ayudar un poco a quien lo está pasado mal. Si no es alguien con quien disfrutas de mucha confianza es un proceso lento, complicado, incluso rutinario. Por suerte, ya se está formando a agentes de apoyo mutuo. Tal como lo veo, cuando te enfrentas a quien está en un momento difícil, se establece una especie de relación maestro-discípulo donde los papeles son intercambiables. Hay respeto y cuidado, como los que pedimos a los periodistas. Ojalá, si cualquiera de ellos comete un error sepa rectificar cuando les hacemos una llamada de atención.

Las ajustadas circunstancias laborales provocan disparates que nos ofenden, también en anuncios de importante presupuesto como el de Campofrío del año pasado. Entonces, el mundo de la salud mental sufrió un ataque duro. Este estilo de publicidad, para mi gusto, es mejorable. Como mínimo, en el último anuncio las bromas se dirigen equitativamente hacia gitanos, feministas, asuntos políticos… y discapacitados. Ah, el spot incluye una pancarta de un grupo de «ofendiditos», que proclama «Porque me ofende tengo razón«. En el caso de la salud mental sería «Porque tengo razones me ofendo» ¿O no?

David García


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