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¿Reconocer ante la sociedad el trastorno mental o utilizar la capa de invisibilidad?

Fotografía © Elena Figoli

A veces me pregunto si no me estaré exponiendo en exceso ante la sociedad, en general, y en mi contexto social más cercano. Hay ocasiones en las que éste planteamiento se convierte en una montaña rusa de emociones. Por un lado, cuando conozco a personas fuera del ámbito de la salud mental deseo que no me pidan amistad en Facebook (a mi perfil solo le falta un cartel con luces de neón, dando esa información). Más que nada porque no me apetece dar explicaciones a personas que acabo de conocer y por la posibilidad de que tengan algún tipo de prejuicio que pueda dificultar el encajar en un grupo en el que acabo de entrar. Hace muy poco he entrado en un grupo de Whatsapp con gente de mi zona para hacer salidas, he asistido a un par de quedadas y a la pregunta de: “a qué me dedicaba”, respondí que era ama de casa.

Me siento realizada haciendo activismo, no quisiera hacer otra cosa. Pero no puedo evitar que a veces me asalten las dudas, supongo que no deja de ser una más entre muchas de mis amadas contradicciones. Lo vuelvo a reconocer públicamente, amo y respeto mis contradicciones, sin ellas no sería yo misma.

Cuando las dudas se hacen fuertes, utilizo el recurso de verme a mí misma en el pasado tomando la decisión de seguir callada, sin poder contar nada, seguir negando, sin poder expresar el dolor que siento, sin poder sanar lo ocurrido, sin poder… Y recuerdo cómo me negaba a mí misma. Vuelvo a revivir la sensación de culpa, de impotencia, recuerdo sentirme atrapada, incapaz de tomar decisiones por mí misma. Recuerdo el miedo al futuro, un futuro que creía sería parecido a mi pasado, viviendo un presente en el cual me resultaba imposible cambiar las cosas. Me sentía indefensa e incapaz de cambiar mi situación. Me veo a mí misma sin conocer a la gran familia de ActivaMent e intento visualizar mi vida actual sin todo ello. A veces es bueno recordar de dónde venimos para saber adónde no queremos volver.

Me recorre una lagrimita de emoción por la mejilla, y me entran ganas de comprarme un megáfono, de colgar la bandera del Orgullo Loco en el balcón, de ir a picar a mis vecinos para enseñarles el libro de las memorias de ActivaMent y mostrar las páginas en que aparezco en alguna foto. Escribo nuevos artículos con el corazón abierto, sin guardarme nada. Vuelvo a reafirmarme en que la mejor forma de proteger es no callando. Me reafirmo en el activismo. Y vuelvo a sentir que tomé la decisión correcta.

Rosa García


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