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Que hablen de mí, bien o mal, pero que hablen

Ilustración © Clara Carbonell

Llega un momento en la vida en que después de todo lo vivido, y todo lo que he pasado, lo que pueden llegar a decir o pensar de mí… ya me resbala bastante. Algunos pensaran o piensan que estoy loca, y otros me consideran maravillosa, o un ejemplo a seguir.

Como decía antes, a estas alturas de la vida, y con el largo recorrido que llevo, la verdad: me importa un rábano la opinión de los demás, realmente. Lo que me vale es lo que he aprendido hasta ahora, y es lo que me llevo: el crecimiento personal de saber quién soy, cómo soy, qué necesito, y cuánto valgo. Me he construido a mi misma sobre unos cimientos lo suficientemente fuertes para que ningún/a tonto/a pueda venir y tirármelos por el suelo, cosa que antes no era así. Antes mi autoestima estaba a merced de cualquiera, y era vulnerable a la opinión de los demás.

Me importa un rábano, como digo, lo que piensen de mí: si soy loca, bipolar o una trastornada… Mirad, de pequeña los que me llamaban “tonta” y “fea” luego fueron los que perdieron la cabeza por mí, así que nunca se sabe. Son capaces, los que ahora los que me llaman loca, que luego pisen por donde yo ando ¡Jajaja! Porqué para poder llegar al punto en que te resbale todo lo puedan a llegar a decir de ti, debes estar segura de ti misma e ir pisando fuerte por ahí donde vayas, manteniéndote firme ante tus propias decisiones, y mostrándote segura. También, ¡mucho de esto es cuestión de actitud! Si vas por la vida con actitud temblorosa, dubitativa, cabizbaja… eso se nota, eso se transmite. Igual que si vas por la vida con una actitud positiva, alegre, sonriente, eso también se transmite, y eso hace que la gente se quiera acercar a ti, y transmitas buen rollo, y generes buena onda. Genera bienestar, como que todo en ti va bien, incluso tú, contigo misma, te acabas sintiendo mejor.

El camino hacia la aceptación pasa por el autoconocimiento, aceptarse tal y como uno es, perdonarse, quererse, y saber escucharse a uno mismo. Parece fácil así dicho, pero requiere de práctica y constancia diaria. Mimarte a diario, no culparte por cosas que no has hecho, o que hiciste en el pasado, o aunque hayas hecho mal también tienes que saberte perdonar. Mimarte, saberte dar algún que otro capricho de vez en cuando, ¡porque te lo mereces! ¡O “porqué tú lo vales”! Respetarte, sobretodo eso, porque si tú no te respetas, nadie te va a respetar. Y quererte… eso es fundamental. No exigirte más de lo que puedes, y si no puedes más, no flagelarte. No somos Superwomen, o Supermen (esto también va para los hombres), aunque esta sociedad tan corrompida nos lo exija continuamente. Vivir en paz con nosotros mismos. Saber que te puedes ir a la cama con la tranquilidad de que has hecho lo correcto, de que lo has hecho bien, y de que al menos lo has intentado, ya si sale bien o no, ya se verá. Y poderte quedar con la conciencia tranquila. Pero, sobre todo, sobre todo… de que estás haciendo el bien.

Todo esto, como ya he dicho anteriormente, es súper importante, para poder llegar a hacer el “click” de que todo lo que digan o dejen de decir los demás te dé exactamente igual. Y ahora os diré más, en esta sociedad en la que vivimos es imposible que no hablen de uno mismo, si nos paramos a pensar con objetividad siempre estamos comentando, comparando, hablando… así que, ya bien sea para bien o para mal, es inevitable que también hablen de nosotros. Pero, como digo, lo importante es que lo que digan no nos afecte, o no haga tambalearnos. Y, en todo caso, que si recibimos alguna crítica siempre nos la tomemos como algo positivo que nos ayude a mejorar. Siempre y cuando ésta venga de alguien de quien nos podamos fiar. Yo digo muchas veces que tenemos que poner un filtro, es decir, no podemos dejar pasar cualquier comentario a nuestras cabezas. Debemos poner como un filtro, porque hoy en día se oye cada comentario…

Ya, para terminar, os dejo con esta reflexión. Dijo alguien: “Que hablen, que hablen de nosotras, eso es que somos importantes”. En cierta manera tiene razón porqué el día en que no se hable de una, es que algo estamos haciendo mal, ¿no? Ya sea para bien o para mal, siempre hablaran de nosotras, esto es inevitable. Que hablen de una misma está a la orden del día, y el día que no se hable de nosotras, algo raro estará pasando.

Nina Febrer


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