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Hipocresía hacia la salud mental

Ilustración © Laura Jareño

Me gusta la gente que va de cara, la gente que lucha por sus ideales, por aquello que cree justo, porqué hoy en día queda poca gente así.

Esta sociedad nos corrompe. Esta sociedad, igual que nos enferma, nos presiona por ser peores personas cada día. Es por esto que yo lucho cada día en contra de esta sociedad que tanto nos boicotea y nos hace ser como somos. Debemos luchar en contra de esta sociedad tan corrupta y tan estresante que nos hace ser a veces tan individualistas, y mirar más por el bien común, mirar más por los otros, y no centrarnos tanto en nosotros mismos. A veces nos pensamos que “somos el ombligo del mundo” y nos olvidamos de los demás. Siempre queriendo más y más, y a veces hace falta hacer un paro, ¡para darnos cuenta que somos unos afortunados de todo lo que tenemos! Sí, sí, ¡somos unos verdaderos afortunados! ¡Agradezco todo lo que tenemos!

También he de decir que no todo es malo. Las ventajas tecnológicas y científicas también se deben agradecer (algunas). Pero pienso que todo va demasiado rápido y, a veces, me da la sensación como si nos “desactualizásemos”. Y yo, personalmente, como si me ahogase. Y creo que no soy la única.

Seguimos por dónde iba. Me gusta la gente que lucha por lo que quiere, que va de cara, y que va con la verdad por delante, que no va con malicia y no es capaz de pisar a los otros para conseguir beneficiarse. Es decir, que no es capaz de pisar a nadie para ir ascendiendo en esta escala social o en esta vida.

Me he encontrado mucha gente que se esconde de tener un trastorno mental. Algunos por miedo a ser rechazados, otros por miedo a perder el trabajo, otros las amistades. No nos damos cuenta que es bastante triste escondernos de algo que casi todo el mundo hoy en día sufre, ha sufrido o sufrirá a lo largo de su vida: un trastorno mental o una situación de sufrimiento psíquico.

Como iba diciendo, es penoso que entre nosotros nos vayamos escondiendo, los unos a los otros, de nuestros sufrimientos. No sería mucho más fácil si los pudiésemos compartir y darnos apoyo? Yo lo he empezado a hacer ahora, dando la cara ¡Y de verdad que te quitas un peso de encima! No merece la pena ir escondiéndote por los rincones de todas partes, mintiendo y mintiendo sobre tu vida, y encima habiendo de dar explicaciones a gente que ni tan solo te importa. Resulta agotador.

En cambio, ahora vivo mucho más tranquila conmigo misma. La verdad es que, desde que no lo escondo, conmigo misma vivo mucho mejor, no tengo tanta ansiedad y no me siento obligada a hacer nada que no quiero, ni pierdo aquella cantidad de tiempo que perdía antes en pensar qué diría si me preguntaban… En fin, que me he hecho la vida mucho más fácil. Como digo ahora: me he hecho del “modo todo práctico”, no quiero complicarme la vida, ni nada por el estilo.

Algunas de estas personas que esconden el trastorno mental, lo hacen por miedo al “qué dirán”, o “no vaya a ser qué”… cuando ellos son los primeros que juzgan, y rechazan a los otros, a los que son diferentes, etc.

A veces, ves caras y conversas ridículas de: “mira a estas dos” o “mira a estos dos”, “qué poca vergüenza”, y después resulta ser que estos son quienes más cosas extrañas hacen a escondidas. Quiero decir con esto, por favor, dejemos de juzgar. Y yo me incluyo. A menudo sólo hacemos que juzgar y juzgar, sin saber qué habrán pasado aquellas personas, ni porqué lo hacen. Y si lo hacen, y son felices, ¿por qué lo debemos juzgar? ¿Quienes somos nosotros para juzgarlo? Que cada cual haga lo que quiera, mientras no moleste al de al lado. Esta es mi filosofía. Yo me he vuelto muy respetuosa, supongo que después de haber convivido con todo tipo de gente. “Te acostumbras o te mueres”.

También me encuentro unos cuantos, con muchos prejuicios, que esconden que tienen familiares con trastornos mentales. Los tienen como escondidos, como si no fuesen de su familia. Estos individuos, para mí no valen nada como personas. Después, son estos los que cada domingo van a misa. Por eso digo que hay mucha, mucha hipocresía y mucho estigma hacia las personas con trastornos mentales.

Lo más fuerte es que si nos paramos a pensar un momento, casi todo el mundo ha tenido, tiene o tendrá en su vida un trastorno mental más o menos grave. Así que juntemos fuerzas y digamos basta. Nada de ir escondiéndonos. No hay nada qué esconder, creo yo.

Pienso que tener una depresión, ansiedad, TOC, esquizofrenia, trastorno bipolar, anorexia, etc., no es una condena. No creo que por eso estemos condenados a ir a la prisión, no hemos matado a nadie. Además, todo es superable, nos podemos recuperar y, a veces, una de estas cosas, nos puede hacer mejores personas. Ahí lo dejo.

La vida es maravillosa.

Nina Febrer


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