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Como aprendo a dormir una noche entera sin pastillas

Ilustración © Sergi Balfegó

Llevo años sin saber lo que es dormir una noche de un tirón. Duermo a trozos. Curiosamente, siempre me despierto a las 2:30h de la madrugada y no consigo volver a dormir hasta las 4h. Cojo el móvil y me dedico a pasar el rato en las redes sociales. Al día siguiente me levanto bien, siempre me suelo levantar antes de las 8h de la mañana, pero después de comer necesito una siesta de al menos una hora, y si no la hago a la tarde me siento extremadamente cansada y apática.

Hace poco, escuchando las críticas hacia el método Estivill para enseñar a dormir a los niños y recordando los buenos resultados que me dio con mis hijos, se me encendió una lucecita. Decidí tener una charla con mi cerebro y preguntarle la razón por la que siempre me despierta a la misma hora. ¿Por qué me despiertas siempre a la misma hora de madrugada? ¿Acaso crees que yo necesito despertarme a esa hora? ¿Te has acostumbrado a despertarme a una hora concreta y lo has convertido en algo rutinario? ¿Crees que esas horas son horas para hacer alguna actividad? ¿Crees que es necesario dedicarme en plena noche a mirar las redes sociales? ¿Quién te ha dicho que yo necesito dedicarme en plena noche a visitar diferentes redes sociales? ¿Crees que he sido yo quién te lo ha dicho porque todas las noches en cuanto me despiertas es lo que hago?

Después de una interesante charla con mi cerebro -espero que no me esté leyendo ninguno de mis psiquiatras favoritos- llegué a la conclusión de que lo hacía por hábito, por lo que decidí que cuando me despertase no miraría el móvil, ni siquiera miraría el reloj. No haría absolutamente nada. Me quedaría quieta en la cama con los ojos cerrados. Evidentemente la primera noche me desperté, el tiempo que transcurrió se me hizo eterno, pero no me moví. La segunda y tercera noche volví a despertarme, el tiempo me volvió a parecer eterno, pero seguí quieta y con los ojos cerrados. A la cuarta noche desperté y creo que unos cinco minutos después volví a dormirme.

Las siguientes noches descubrí esa rara sensación de ponerte a dormir y que la luz del día te despierte. Mi cerebro empieza a comprender que yo no necesito despertarme en plena noche para meterme en internet. Ya no siento esa necesidad de hacer una siesta, ni ese cansancio que por las tardes que me dejaba sin ganas de hacer nada.

Un mes después tengo noches de todo tipo. Algunas duermo unas siete horas de un tirón; otras me despierto y me vuelvo a dormir enseguida; y otras me auto-despierto sintiendo la imperiosa necesidad de ponerme a hacer algo, a lo que respondo, siguiendo en la cama sin moverme, e intentando no sucumbir a la tentación de levantarme.

Gracias una vez más Doctor Estivill.

Rosa García


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