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Trastorno o enfermedad mental: ¿qué concepto me sirve?

Ilustración © Sergi Balfegó

       Existe el debate de cómo se debería llamar a las patologías de las personas que hemos sufrido un problema de salud mental. Si trastorno o enfermedad mental. Creo que no es importante el nombre que nos pongan, sino la interpretación que haga la gente sobre ese nombre y, sobre todo, la interpretación que haga yo mismo.

       Para mí, y esto es una visión personal, la palabra trastorno me suena a una característica de la persona, inseparable de ella, como un rasgo de la personalidad. Cuando oigo que una persona “tiene un trastorno”, me suena a que tiene algo permanente, que no se puede dejar atrás.

       Y las palabras enfermedad mental, me suena a que es algo transitorio que, con medicación o sin ella, como las enfermedades biológicas, se puede curar, superar, recuperar, etc. Me suena a algo ajeno a la persona, que se puede separar de ella, dejar atrás, no como una característica o un rasgo de su personalidad.

       Quizás porque en la sociedad está un poco arraigado que los que superan enfermedades biológicas graves son luchadores, la palabra enfermedad mental me suena a lo mismo, que los que superan enfermedades mentales son luchadores, que contra una enfermedad mental se puede luchar, que la persona se puede empoderar para curarse, recuperarse, superarla etc.

       Digo que esto es una visión personal, porque una persona puede coger lo mejor de estos dos conceptos que he definido, escogiendo el concepto que más le beneficie, en el momento oportuno para su vida. Como me ha pasado a mí. O que puede tan sólo estar a favor de la palabra trastorno o de las palabras enfermedad mental. Que a la gente le pueden agradar los dos conceptos que he definido, sólo la palabra trastorno o sólo las palabras enfermedad mental. Claro que sí.

       Así pues, para mí, el marco actual de tener dos maneras de poder llamar a las patologías en la salud mental, está bien porque me ha permitido amoldarme a la idea que me sugería cuando lo he necesitado.

       El primer caso, a mí me ha ayudado, porque cuando he tenido síntomas, estos los he podido llevar de una manera natural, continuando con mi vida, sin que me perjudicaran en nada. Aunque sólo he vuelto a tener síntomas claros una pequeña temporada de dos meses en trece años después del brote, el pensar que se puede convivir con estos síntomas me tranquilizaba.

       Ahora bien, yo creo que he vuelto a tener tan pocos síntomas porque a mí lo que me ha ayudado más es la opción de que es algo transitorio y se puede luchar contra ella. El segundo concepto me ha ayudado a descubrir que mi enfermedad sigue siempre un patrón y que suele darse en situaciones de mucho estrés, situaciones impactantes para mí, que pueden ocasionar traumas. O también, recuerdo que durante el brote estaba cabreadísimo, consumía hachís… por citar algunas de las situaciones que lo crearon.

       Así pues, después del brote psicótico y gracias al segundo concepto, me he hecho un estilo de vida en el cual intento evitar estas situaciones, intento evitar las situaciones estresantes, intento no cabrearme y… consumir hachís no lo he intentado, sino que no he vuelto a tocar un porro en mi vida.

       No me gustaría que se interpretara que quiero dar a entender que esta opción es la verdad infinita y que la otra opción es la equivocada. No. Como he dicho antes, la otra opción también me ha ayudado.

       Cuando alguna vez he dicho que tengo un trastorno o una enfermedad mental y que fue algo que no pude controlar, es igual que no pude controlar que enfermara mi cuerpo cuando tuve un resfriado, la gripe o cualquier otra enfermedad biológica. No pude controlar que enfermara mi mente.

       ¿A que os ha sonado diferente cuando he dicho las palabras “que enfermara el cuerpo”, de las palabras “que enfermara mi mente”? No os preocupéis, es por culpa del estigma. Que enferme el cuerpo no tiene connotaciones negativas pero que enferme la mente, sí tiene. Así de injusta es la realidad.

       Y en el caso de que la parte que me hubiera enfermado fuese la que controla el cuerpo, no tenía porque hacer nada negativo para los demás. Era una enfermedad y, como las enfermedades biológicas, buscaba acabar conmigo, no con los demás. Yo no he visto a nadie hacer algo negativo para los demás por culpa de su enfermedad biológica, aunque esté sufriendo muchísimo, aunque esté a punto de morir. Pues con las mentales a mí me pasó lo mismo, sufrí muchísimo, me pudo llevar a la muerte, pero no por ello iba a hacer algo negativo para los demás. Las acciones negativas o positivas dependen de las personas, no de las enfermedades.

       Digo esto porque creo que las enfermedades mentales y las biológicas son iguales, con una diferencia: las biológicas empiezan en el cuerpo y pueden afectar a la mente y las mentales empiezan en la mente y pueden afectar al cuerpo. Pero, de la misma manera, enfermándolo para acabar con el propio individuo, no descontrolándolo para hacer algo negativo para los demás.

       Como veis, la mía, es una interpretación positiva, dentro de lo que se puede, de las palabras enfermedad mental. Éstas me dicen lo mismo que las palabras enfermedad biológica. Eso es porque creo que es importante que la gente no me estigmatice, que no me traten como a un bicho raro. Pero mucho más importante, es que no lo haga yo mismo.

Alfonso Gálvez


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