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Miedo a la soledad

Ilustración © Sergi Balfegó

Os parecerá idiota este artículo, aunque últimamente y después de haber estado encerrada en casa a causa de un resfriado, le das más vueltas a la cabeza de lo habitual… Y piensas y piensas y vuelves a pensar. Para variar, tengo todo tipo de ideas negativas hacia mi persona.

Del temor a quedarme sola, a la soledad, inclusive venía a mí la idea de acabar encerrada en el psiquiátrico de por vida. Ideas muy, muy negativas. Pero, ¿quién me dice a mí que no podrían hacerse realidad? Ya que en verdad soy una persona con una discapacidad, con una pensión no contributiva que apenas llega a los 500 euros. Por mal que suene, debo ver la más cruda realidad. Dependo mucho de mi pareja, Miquel, que es quien me ayuda en estos momentos, y también de mi propia familia.

Pero esto no quiere decir que sea una persona dependiente. Bueno, en lo económico sí, y lo reconozco, pero en todo lo demás me las apaño bastante bien yo sola. No necesito ayuda de terceros para que me hagan las tareas domésticas, ni la cama, ni la comida, etc.

De hecho, aprendí a cocinar yo solita con vídeos de YouTube, y no se me da nada mal. Es más, me relaja. Odio y detesto a las personas que, por el simple hecho de que tengamos un grado de discapacidad, te tratan como inferior y quieran ayudar, cuando no hace, en verdad, ninguna falta. Esto para mí es generar un claro estigma hacia nosotros mismos.

En fin, si yo el día de mañana me viese sola, sin Miquel y sin familia, en un centro psiquiátrico o algo por el estilo, creo que lo superaría como he superado tantas y tantas cosas en mi vida, porqué no me quedaría otro remedio para la supervivencia.

Podría ser que interpretaseis este artículo de manera muy dramática. Os vengo a decir que no tendríamos otro remedio que aguantarnos y fastidiarnos. En fin, todos nosotros somos unos supervivientes, ¿o no?

Quizás no, pero quién sabe si en nuestra vida hemos estado cansados o agotados por tantas y tantas veces de luchar, que parece que hasta tengamos que pedir perdón por un trastorno mental. En mi caso vino y se ha mantenido en el tiempo, a veces dando mucha guerra y otras, como es ahora mismo, de manera estática.

Siendo, como es mi caso, cicladora rápida, siempre me pregunto ¿hasta cuándo? Y como dice la conocida canción que se me repite en mi cabeza: “Quizás, quizás, quizás”.

Núria Prats


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