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¿Somos una Discrimi-Nación?

Ilustración © Sergi Balfegó

Los datos de un estudio reciente hacían bastante daño a los ojos: un 80% de las personas con un problema de salud mental en Cataluña han sufrido discriminación y estigma, y ​​el 54,9% han sido discriminadas bastante o muy frecuentemente. En consecuencia, a veces el discurso de algún compañero/a puede caer en el victimismo, aunque se ve que sobran motivos para la queja.

Ya contaba en otro artículo que no he sido objeto de discriminación directa en mi vida. Lo que sí he estado sobreprotegido en el hogar familiar antes y después de tener idea de mí trastorno. Así pues, en cuanto a mis relaciones sociales, no he sufrido el estigma, aunque en el trabajo sí ha sido necesario ser discreto. La lástima es escuchar bastantes compañeros como sufrieron problemas en la etapa de estudiante. Quizás no hace tanto que se habla del acoso pero las intimidaciones y peleas hace tiempo que se dan y sus efectos son bien directos. Y el mal es diario, en un momento tan delicado, cuando no se han adquirido suficientes herramientas para hacerlas frente.

Cada vez más los niños llegan antes a la consulta del psicólogo y ya no tienen que temer el rechazo de su clase por pedir esta ayuda. Y si, además, asisten a charlas en primera persona ofrecidas por diversas entidades debemos creer que las agresiones irán disminuyendo y no se verán como algo propio de menores.

De forma progresiva llega el mundo adulto y nos encontramos en una «ciudad sin ley». Casi la mitad de las personas que participaron en la encuesta creyeron que el silencio y esconderse eran imprescindibles para no perder un trabajo. Tenemos casos de superiores poco comprensivos, de gente que ha tardado mucho tiempo en dar un paso adelante, despidos nada procedentes y una tasa de paro tan alta que algunos optan por renunciar, no ser más víctimas del estrés laboral. Acabar con el reguero de bajas, altas o cambios de trabajo.

Precisamente, el mismo empleo y los estudios implican muchas obligaciones. Después tienes tu familia, amigos y pareja para respirar y distraerte. Por desgracia, a menudo el enemigo puede estar en casa. Uno debería pedir apoyo, acompañamiento y amor en el hogar, pero esta sociedad no siempre destaca por los valores humanos e, incluso, aquel amigo que considerabas inseparable llega a pensar que ya no eres el mismo y opta por abandonarte debido al miedo y los prejuicios.

Estas y otras experiencias vitales deberíamos transmitirlas a un médico especialista. De nuevo, parece que se trate de una lotería. Confiar a ciegas en según qué facultativos sería como abrir las puertas de una casa a un bombero que recurre a la gasolina para detener un fuego. Malas prácticas, frases que entrarían en la primera página de un libro de los disparates… Hasta que no conseguimos un profesional de confianza estamos condenados a dar vueltas y más vueltas en un juego de la oca donde las desgracias pueden aparecer donde sea y no hay saltos mágicos que nos aporten soluciones, sino turnos y turnos sin jugar, bloqueados, castigados.

Yo he comentado al inicio mi escaso bagaje como víctima de la discriminación. Luego conviene no olvidar las veces que me he sentido diferente, inferior, sin fuerzas. Hasta que llegas al mundo de las entidades en primera persona y te das cuenta que no estás solo. No obstante, las crisis vuelven y en el caso de una persona con un trastorno bipolar sabes que una fase depresiva puede ser extremadamente fuerte y que una de euforia te suele conducir a muchos altibajos. Es bien complicado de digerir, te cuesta sentirse a gusto con la gente que hace mucho que te conoce, dudas un poco sobre qué decir a las personas del entorno y hablas contigo mismo sobre lo que no haces bien, las carencias o debilidades que parecen aumentar más y más.

Hasta aquí hemos repasado un montón de desgracias, pesadillas, enfados y llantos. La parte buena es concluir que tu testimonio es importante y eres escuchado. Son los otros los que tienen que confesar sus errores o prejuicios y tú te comportas como un jugador de equipo, que se atreve a participar e interactuar porque ya ha vivido demasiado ostracismo en el banquillo.

David García


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