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El circo de los horrorosos

Ilustración © Francesc de Diego

Ha llegado la hora de escribir un artículo referente al “Circo de los Horrores”, la compañía de Suso Silva, con su espectáculo “Manicomio”. Un circo en el que el hilo conductor es la discriminación y el estigma hacia todo lo que representa la salud mental, con los afectados, los profesionales y la institución, ya obsoleta, del manicomio como eje central. Vuelven mañana, 21 de junio de 2017, a Barcelona, hasta el 2 de julio.

En esta locura, los locos somos a quien se nos supone: violentos, descarados, malhechores, dementes, asesinos, peligrosos, agresivos, psicóticos… Recibimos descargas eléctricas, tenemos delirios sangrientos, vamos con camisas de fuerza, manchados de sangre, despeinados, desarreglados. Parecemos amenazadores, iracundos, desordenados, odiosos, repulsivos, mal educados. Nos comportamos de manera desenfadada, irónica, satírica, nefasta. Resumiendo, nos caricaturiza y nos traslada al escenario de un manicomio del siglo XVIII.

Pero es que ni siquiera es cierto que sea un manicomio del siglo XVIII, porque hasta el siglo XIX no se empezó a producir masivamente y a comercializar la electricidad, por lo tanto: ni terapia de choque, ni descargas eléctricas eran posibles. Una de las zonas de las gradas en la venta de entradas del circo dice: “lobotomía”. Debemos decir que la lobotomía se empezó y terminó de practicar en el siglo XX, no en el XVIII. Por lo tanto, esto del manicomio es una falsedad que nadie se la debe creer.

La puesta en escena no podría ser más desacertada. En algún pasaje, se dice por megafonía que: “se va a trasladar a dementes extremadamente peligrosos. Les recomendamos que no les miren a los ojos”, “se ha escapado un paciente peligroso” o “no molesten a los enfermos, pueden volverse peligrosos”; dando por supuesto que las personas con trastorno mental somos peligrosas.

El circo es esto: un circo, con sus malabaristas, contorsionistas, con sus coreografías y sus personajes. Sobre esto, nada que decir. Pero, por lo que se refiere al hilo conductor de todo el show, la institución del manicomio nos recuerda un pasado oscuro, lúgubre y tétrico, en el que el respeto a nuestros derechos y a nuestro proyecto vital brillaba por su ausencia. La libertad de expresión no justifica las aberraciones que se muestran ahí. Promover la discriminación de las personas con trastorno mental, mediante un circo, es lo mismo que promover la discriminación de las personas LGTBI o las de una raza o religión diferentes con un espectáculo, amparándose en una libertad de expresión que amenaza otra libertad: la de la no-discriminación; con total falta de respeto a la dimensión más humana de las personas que tenemos un trastorno mental.

Por estos motivos, el circo de los horrorosos no debería hacerse en Barcelona. Desde Obertament, ActivaMent y la plataforma #NoSoyUnCirco hemos hecho esfuerzos para impedir que el circo de los horrorosos pise tierras catalanas, pero no ha sido posible pararlos. El Ayuntamiento de Barcelona no lo ha podido impedir porque la solicitud del permiso estaba bien cumplimentada y, una vez concedido, están obligados a darles permiso. Hemos solicitado, desde ActivaMent, que el Ayuntamiento de Barcelona sugiera cambios al circo de los horrorosos, pero se ha considerado que maquillar un poco el guión no resuelve el problema. Parece que todo lo morboso atrae a la gente. Mientras tanto la Generalitat se ha comprometido a no volver a dar permiso al circo en un futuro, para este espectáculo en concreto.

Por otro lado, se nos ha desaconsejado denunciar a la Fiscalía por delitos de odio y discriminación, dado que en un 90% de los casos de discriminación no actúa, ni siquiera en temas de ficción. Pero por mi cuenta lo he hecho, he rellenado el formulario de contacto. Hacedlo vosotros si lo creéis conveniente.

La publicidad que se hace de los personajes es lamentable y transgrede lo soportable por el grado de estigma que promueve. “El ido del aparcamiento”; “el malabarista insensato y alterado”; “la enfermera de las agujas”; “la joven de la camisa de fuerza” que se describe como: “tocada del ala, divertida y camorrista con un carácter impredecible”; “la chica que vive en la luna”, que se describe como: “una loca sonámbula que hace malabares colgada de sus pies”; “payaso” como: “doctor”; “Nosferatu”: “es el auténtico rey del lugar, el chiflado e insensato mayor del reino”.

El año 2013 tuve la oportunidad de presenciar el espectáculo en el Port Vell de Barcelona, junto a una profesional de Obertament. Tomamos buena nota de todo lo que sucedía. En la entrada, los personajes te saludaban levantando el dedo mediano de la mano, como insultándote. Tan sólo entrar en la carpa para coger asiento, se transmite un mensaje por megafonía: “personajes esquizofrénicos y con manías persecutorias…”.

Nos sentamos y empezó todo. Por megafonía dijeron que: “el espectáculo no tiene ninguna relación con la salud mental”, que es como decir: “hemos tirado una bomba, pero esto no es ningún acto de guerra”. Después de una coreografía, se da un choque eléctrico: Flashes de luz y un fuerte estruendo. Aparece Nosferatu (Suso Silva): “No hay nada como una descarga para sentar la cabeza”, “psicóticos, chiflados, locos, majaras, desquiciados”. La enfermera dice: “Soy un poco bipolar y me dan ganas de matarlos a todos”. Nosferatu recurre a menudo a frases como: “En el manicomio no estamos todos los que somos y no somos todos los que estamos”, “Como dice el Quijote: de poetas y de locos todos tenemos un poco”. El circo de los horrorosos tiene un lenguaje verbal y no verbal que falta el respeto a las personas que, como yo, llevamos la etiqueta de un trastorno de tipo psicótico. Me parece que no es pertinente seguir publicitando un espectáculo que se lucra con el estigma y la discriminación.

Nuestro colectivo no puede quedarse de brazos cruzados. Es la gente joven a quien le gusta más este show. Esto significa que las nuevas generaciones absorben el estigma. Vamos muy mal. El sufrimiento mental es susceptible de generar beneficios cuando se narra en base a los mitos y leyendas que acompañan a nuestro colectivo. Hay que desmantelarlo en pro de una sociedad mejor y que nos incluya.

Dani Ferrer


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