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La riqueza de toda historia de vida

Ilustración © Mireia Azorin

He aprendido a sentir y valorar la exposición oral de la historia de vida a cargo de mis compañeros activistas en salud mental. Me animé a escribirla igualmente, adaptarla al variado tipo de público delante de mí, y asistir a la reacción de los espectadores. Reconozco que otros relatos pueden ser muy ricos en emociones y sufrimientos, sin entrar en comparaciones. Lo que te llega al corazón son aquellas vivencias dolorosas o algún trato discriminatorio, a veces del entorno más cercano. Hablan de una serie de años cuando las dificultades han sido repetidas, pero ellos y ellas, como yo, hemos ido evolucionando y encontrando las claves de cada trastorno.

En mi caso, puedo proclamar que desde el primer brote, en 2000 (con 25 años), hasta el 2014 no tuve muchas sacudidas importantes. Sólo un ingreso al principio. En consecuencia, mi monólogo dirigido a la audiencia de turno ha incluido tanto experiencias en primera persona, como anécdotas de conocidos o comparaciones un poco literarias. Sí, es cierto que estuve en contacto unos meses con personas de la Associació de Bipolars de Catalunya pero lo dejé, aunque trataban de editar una revista interesante y me gusta escribir. Por otra parte, inicié una relación a distancia que duró unos años y ni con mi pareja ni con mis amigos o familiares el trastorno estuvo muy presente. Las amistades vieron nacer mi problemática y fue un tema que no entraba con frecuencia en nuestras conversaciones. Como años atrás, pasaba épocas alegres o tristes y continué en el mismo lugar de trabajo.

Cuando estuve soltero, de nuevo, me tocó asimilarlo y con el tiempo otra relación a distancia me esperaba, hasta que fui a vivir a Colombia con ella dos años. Me enfrenté a un horario laboral duro y por primera vez ya no estaba en contacto con mi psiquiatra, ni mi gente. Sin embargo, el resto fue bastante bien hasta que tuve momentos incómodos tanto con mi pareja como en el trabajo.

La solución, después de un total de seis años de contacto, fue volver a mi casa. Mi periodo de duelo pasó y justamente el año que conocí tanto ActivaMent como Obertament atravesé una fase de hipomanía. Estaba descubriendo un camino gratificante, de utilidad y de autoestima, y ​​pagaba un precio por estar feliz. Sin duda, el poco descanso y el abuso del ordenador fueron claves para este estado de ánimo eufórico. Tras la subida vino un bajón anímico pero a partir de entonces ya me convertía en un activista más en salud mental, dispuesto a sensibilizar a quien sea. Y en eso seguimos.

Y ya termino este año. He finalizado mi última relación tras superar un período de irritabilidad con el mundo, y de nuevo la hipomanía apareció cuando me notaba más contento. La vuelta del aburrimiento y un bloqueo mental y físico han sido difíciles de asimilar a continuación. De estas semanas he conocido como los amigos pueden hablar entre ellos para crear otro grupo de WhatsApp a fin de no agitarme más. Y que cuando estás en una crisis puede que no sea posible ver a uno de ellos sólo hasta una semana más tarde, debido a temas familiares, distancia geográfica… Por suerte, hablamos de temporadas cortas en los últimos 17 años y se ha de dar cuenta uno mismo que debe esforzarse en dejar un agujero, con las ayudas que haga falta, y que cada vez nuestra lucha es más visible.

David García


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