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La verdad siempre sale a la luz

Ilustración © Mireia Azorin

         Al fin la psiquiatra que me lleva ahora lo ha reconocido: no tengo esquizofrenia paranoide crónica. Tampoco esquizoafectividad, ni trastorno bipolar. Me harán un estudio de personalidad para descartar cualquier trastorno de personalidad, pero ya me conozco bastante qué tipos existen, y sospecho que, aunque comparto rasgos de diferentes trastornos, no los tengo demasiado acentuados, y eso es lo que me ha insinuado también mi psiquiatra.

         Yo esto ya lo sabía desde hacía bastante, no porque no quisiera aceptar la enfermedad, sino porque cuando explicaba mis síntomas a personas “sanas”, me decían que esto también les sucedía a veces, y cuando sentía explicar los relatos de delirios de gente diagnosticada de esquizofrenia, comprendía que eran diferentes a los que yo, supuestamente según los informes, tuve.

         Al final me he quedado yo sola, con mi consciencia, para saber qué es lo que me sucedió. Y, para quién lo quiera saber, tengo mis explicaciones, porque si por algo ingresé voluntariamente y me he medicado durante tanto tiempo es porque sufría. Mis niveles de sufrimiento psicológico han estado, y siguen siendo, bastante elevados. No por nada a los 16 años me intenté tirar delante de un coche y a los 24 tomé una sobredosis de medicación. Y si la medicación ha tenido alguna utilidad, ha sido para minimizar este sufrimiento.

        Seguramente soy demasiado sensible y me afectan las cosas exageradamente, pero para mí, que hubieran episodios de violencia en mi casa durante la adolescencia (un día los vecinos llamaron a la policía) y que a los 19 años, en una noche que me emborraché, me agredieran sexualmente, me afectó mucho. Me ha sido bastante difícil integrar psicológicamente estas vivencias. Más de una vez he querido desaparecer o perder totalmente la razón, desentenderme de la realidad y de mí; pero ahora sé que eso no son opciones reales para vivir en la tierra, y siempre he querido vivir, y el planeta tierra es el único habitable por el momento.

         La verdad siempre sale a la luz y todo el mundo encuentra su lugar en el mundo, la vida es un ensayo-error. Me he quejado mucho de la psiquiatría porque no han estado suficientemente despiertos, ni me han prestado la atención necesaria, para verme correctamente; y ahora tengo un dilema, no sé qué hacer con todos los informes que me han hecho, si pintarlos y hacer un experimento de arte contemporáneo o denunciar una mala praxis médica.

         Quedarse estancado en el pasado pensando en lo que podía haber sido y no fue no tiene sentido, mirarlo, con perspectiva, para aprender de los errores, eso sí que es beneficioso. Tener antecedentes psiquiátricos para mí no me supone ningún problema; además, me han dado la oportunidad de conocer gente muy valorable y muy parecida a mí, porque aunque tengan vivencias un poco distintas, son muchísimas las cosas que tenemos en común como seres humanos. Además, humildemente considero, en el fondo, que cualquier persona tiene una historia personal que es como un puzle desecho, y con paciencia y dedicación puede llegar a reconstruirlo, verse de verdad y dejar que los otros te vean tal y como eres.

Maria Hernández


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