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Acoso en el colegio

Ilustración © Francesc de Diego

       Siempre, desde muy pequeña, me he preguntado si realmente yo era el bicho raro de la clase del que todos hacían burla y se reían de ella. Yo era una niña pecosa, tímida y muy abstraída. Tan solo tenía un par o tres de amigos en clase. Quizás fuera por ello que empezase ese tan odioso bullying que padecí desde los once hasta los catorce años de edad.

       Por aquel entonces sacaba muy buenas notas y competía en el Club Natación Badalona, donde por cierto era bastante buena. Todo comenzó a cambiar en 7º de EGB. El acoso escolar fue en aumento. Mis notas bajaron, vaya si bajaron que suspendí seis, y adelgacé once quilos.

       Los niños a esas edades son muy influenciables y, con tal de seguir al líder de la clase, forman todos unos rebaños. Me robaban el almuerzo, me insultaban, me seguían hasta casa de mis abuelos. En una ocasión me encerraron en un baño. Fue en ese momento cuando decidí pedir ayuda a mis padres. Estaba ya en 1º de FP cuando pasó lo del baño, y mis padres hablaron con la dirección de ese colegio, que no ofreció ningún tipo de ayuda. Yo, por cierto, ya me estaba viendo con un psiquiatra infantil.

       Mis padres optaron por sacarme del colegio, antes se podía hacer a esa edad, y me apuntaron a clases de inglés intensivas en una academia. Más tarde, en septiembre, fui al instituto de al lado de mi casa a cursar 3º de ESO, y no tuve problemas de acoso escolar. Pero yo ya no quería volver en septiembre a comenzar 4º. Fue entonces que decidí hacer “una tontería” que me llevó a sufrir un ingreso psiquiátrico en la Maternidad del Hospital Clínico, en la planta de trastornos alimenticios. Estuve tres semanas, durante las cuales conocí chicos y chicas maravillosos que, quieras o no, estaban pasando por lo mismo que yo.

       El diagnóstico del psiquiatra en aquel entonces es lo de menos: trastorno de conducta. Sólo sé que tenía dieciséis años y me estaban hinchando a medicación como a un cerdo.

       No sería hasta cumplir la mayoría de edad cuando me diagnosticaron el trastorno bipolar, en Torribera. En un brote psicótico vieron que tenía Trastorno Bipolar Tipo I.

       Y, por cierto, tengo la ESO y el Bachillerato acabados. A pesar de todo.

Núria Prats


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