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El Señor Salvador

Fotografía © Elena Figoli

       Hola, soy Montse, miembro de ActivaMent Delegación Garraf – Penedès. Me dedico a cuidar a personas de edad avanzada, en residencias o en sus domicilios particulares. Tengo otorgada una discapacidad que me permite trabajar. En un domicilio, donde me tocaba cuidar un señor, no hace muchos años atrás sufrí una situación de discriminación por motivos de Salud Mental. A veces te juzgan por el simple hecho de coger la baja por depresión… Os cuento la historia.

       Hace unos años estuve cuidando al Sr. Salvador en su casa, concretamente, durante cuatro años y medio. Él era viudo y su hija trabajaba. Él salía de una convalecencia del hospital. Me dediqué a ayudarlo a hacer todo aquello que él ya no podía hacer, incluso lo acompañaba al médico si hacía falta. Nuestra relación llegó a ser como la de un abuelo y su nieta; y muchas veces, la gente se lo creía.

       Con el tiempo, el Sr. Salvador empeoró físicamente, hasta el punto de que yo era sus piernas. Y cuando salíamos a dar una vuelta y nos sentábamos en una terraza a tomar algo, teníamos conversaciones bastante interesantes. Al cabo del tiempo, por causas ajenas, tuve que coger la baja por depresión. Recuerdo que estuve un mes y, al reincorporarme al trabajo, su hija no sólo me cambió el horario, sino que me redujo las horas de trabajo, «para que no recayera”. Yo le expliqué que reduciendo las horas no aseguraba evitar una recaída, sino al contrario; que yo era la misma que antes de coger la baja y que podía hacer mis horas con normalidad (todo esto delante del Sr. Salvador). En ése momento, vi claro que la hija ya no confiaba en mí, pero seguí trabajando.

       Cuando la hija se fue, el Sr. Salvador me preguntó de qué habíamos hablado tan «acaloradamente«. Le expliqué el porqué yo había cogido la baja y el porqué su hija me reducía las horas de trabajo. Se hizo un silencio y el Sr. Salvador me respondió: “Escucha, tu eres Montse, mi cuidadora, y siempre lo serás… No eres la Montse con problemas de salud mental”.

       Desde siempre y hasta que se murió,  el Sr. Salvador me confió cosas muy personales, que no explicó nunca a su hija.

       Ahora, pasado un año y medio de la muerte del Sr. Salvador, me encontré a su hija y nos paramos a conversar. Ella me dijo sarcásticamente: “Es que tu utilizas tu grado de discapacidad para lo que quieres…”. Y yo, sarcásticamente, le respondí: “Yo tengo un grado de capacidades«. Y estoy bien orgullosa de tenerlas.

Montserrat Carbonell


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