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¿La locura es sólo cosa de locos?

Fotografía © Elena Figoli

       La gente nos llama locos; sin embargo, si les preguntas qué es la locura, no saben qué es o no quieren contestar. Igual que cuando a alguien le llamamos tonto, porque ha hecho alguna tontería y sabemos lo que es una tontería, a alguien que llamamos loco, porque ha hecho o dicho una locura, deberíamos saber lo que es la locura.

       La locura, ¿qué es? ¿Una palabra que nunca nadie sabrá lo que es, que alguien se sacó de la manga para discriminar a un colectivo? Bueno, a mí, como la gente me llama loco no me importa opinar sobre qué es la locura. Es más, me siento con pleno derecho a hacerlo y que lo que yo diga, o lo que digamos los que sufrimos el adjetivo de locos, es lo que tiene que ser en realidad.

       La locura para mí es cuando no me puedo sacar una idea de la cabeza y se me repite, día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, dependiendo de lo que haya llegado a desarrollarse en mí. Así es como empezó mi brote psicótico. Luego, para alimentar esa idea, empezaron a acompañarla delirios, alucinaciones, etc.

       Pondré los siguientes ejemplos de locura, porque mi brote psicótico empezó igual que dichos ejemplos.

       Para mi hay locuras buenas y locuras malas para la persona. Y reacciones buenas o reacciones malas ante la locura. Las locuras buenas o malas para la persona no dependen de ella, pero las reacciones buenas o malas sí que dependen de cada persona. Un ejemplo de locura buena para la persona es cuando estás enamorado. No fue malo para mí, pero no me podía quitar a esa persona de la cabeza. Fue bueno para mí porque me hacía feliz, me ponía contento, estar enamorado.

       Un ejemplo de locura mala para la persona es cuando pierdes a un ser querido. Para mí fue perjudicial porque no me podía quitar tampoco a esa persona de la cabeza y sabía que no la iba a volver a ver. Fue mala para mí, porque me hacía estar triste, me hacía estar deprimido, saber que no volvería a ver a esa persona.

       Un ejemplo de reacción mala ante la locura de estar enamorado habría sido hacer el mal, que hubiera hecho lo posible para evitar que esa persona se enamorara de otra. Y una reacción buena habría sido hacer el bien, para que la persona de la cual estaba enamorado pensase que era una gran y buena persona y nos enamoráramos mutuamente.

       Un ejemplo de reacción buena ante la locura de perder a un ser querido habría sido que pensara que esa persona me estaba observando desde el otro mundo, para yo hacer el bien y que se sintiera orgullosa de mí. Y una reacción mala habría sido pensar que sin esa persona la vida no tiene sentido, que no me importara hacer el mal porque bastante mal se había portado la vida conmigo y haber empezado a odiar a la gente que es feliz. Menos mal que no tuve esta reacción, la de odiar a la gente que es feliz porque, raramente se puede o se quiere ser algo que se odia.

       Os pondré otro ejemplo que se da cuando estás enamorado, que está muy extendido y que la sociedad no lo acepta como malo, que lo ven hasta con cierta gracia, pero que cuando se da en otros tipos de situaciones, a la psiquiatría en general no le hace ninguna gracia. Me refiero a cuando la persona interpreta una casualidad como una causalidad. Me parece oportuno explicar la diferencia. La casualidad es cuando algo ocurre por azar y la causalidad es cuando algo ocurre a causa de algo.

       Pues bien, el ejemplo del que os hablo es el de quitarle los pétalos a una flor. Un pétalo, es un “me quiere”  y el siguiente es un “no me quiere”. Hasta llegar al último pétalo y si es un “me quiere”, esa persona… ¡Te quiere! Y al revés. Esto sería interpretar una casualidad como una causalidad cuando la persona está enamorada. Perdonad que en este último ejemplo no hable en primera persona, pero es que es algo que está tan extendido en la sociedad, que digo yo, no me habrá pasado a mí solo.

       Así, en esta vida he conocido y he sabido lo que es la locura en muchas otras situaciones, y cada vez que no me he podido quitar una idea de la cabeza he tenido que comparar si se acercaba más a estar enamorado o a la pérdida de un ser querido. Pero no me he alarmado ni he ido al psiquiatra cada vez que he estado triste o feliz. Sé que para ir al psiquiatra esa tristeza o esa felicidad tiene que venir acompañada de insomnio o delirios o alucinaciones, etc. Y aun así, tampoco me he alarmado, ya que me considero afortunado de vivir en un tiempo y en una sociedad en la que hay gente que su trabajo es ayudarme. Por eso, cuando creo que necesito ayuda, no dudo en pedirla.

       Así que bueno, como veis, para mí la locura no es solo cosa de locos, porque las palabras “locura” y “loco” no tienen connotaciones negativas para mí. Ya podéis llamarme “loco”, sabiendo que todo el mundo lo ha estado alguna vez.

       Y aunque no tienen connotaciones negativas para mí, con este artículo no he querido decir que estamos todos locos. Lo que quiero decir es todo lo contrario. Que lo mejor será que no me discriminéis, que digamos que todos estamos bien, incluido yo, porque yo también solo he estado loco a veces.

Alfonso Gálvez


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