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Sensibilizando a esos “locos bajitos”

infancia

Ilustración © Mireia Azorin

Una persona con mucha experiencia en sensibilización en temas relacionados con la salud mental me dijo que la única vez que no lo aplaudieron tras leer su historia de vida fue ante unos menores. Dudaba en animarse a hacerlo de nuevo en el futuro. Yo le aconsejaría que sí, y os cuento el motivo.

Como integrante de la asociación ActivaMent tuve la suerte de acudir hace poco a dos charlas con chicos/as de 9-11 años, en sus mismos colegios. Pensaba que tendría dificultades para hacerme entender, pero me demostraron todo lo contrario, con mucha atención y respeto a la hora de preguntarnos a cada uno de los participantes. Junto a mí, hablaron para ellos personas con disminución física, intelectual, visual y auditiva. Los chavales aguantaron una y otra sesión con mucha más entereza que cualquiera de nosotros en época estudiantil. Ni una cabezada y un montón de preguntas.

Una vez que nos animamos a contar nuestra experiencia con espíritu altruista, nuestras vergüenzas caen una tras otra. Los niños y niñas no son una audiencia de menor nivel. Entienden las mismas diapositivas que los universitarios y personas de más edad. Se identifican con nuestras vivencias a pesar de sus pocos años y, lamentablemente, en algún caso resulta que un problema de salud mental ya les ha rozado más directa o indirectamente. Es gratificante que puedan decir con libertad que han ido al psicólogo, que no haya nadie que se pueda burlar de ellos por este motivo. La educación emocional es una asignatura pendiente en todo el mundo y por eso más vale que los menores se acostumbren a oír hablar de emociones, de solidaridad, etc.

Casualmente, llevo un tiempo acudiendo a una residencia a leer para unos pocos usuarios, sobre todo mujeres. Mi oyente de más edad ya va por los 95 años, y aunque alguna compañera sufre para seguir el hilo de mis palabras, encuentro la misma gratitud que con los peques. Normalmente me presento con cuentos una vez a la semana, pero pienso leerles un día mi historia de vida, la aparición de mi trastorno mental y mi proceso de recuperación. Seguro que seguirán siendo un público agradecido y no mostrarán ningún prejuicio hacia mi persona. Son las personas adultas a menudo las que deben modificar su forma de pensar y su actitud, para que cada vez más nuestro entorno sea más humano y comprensivo.

David García


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