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Recuperarse de las limitaciones de tener un trastorno mental

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Fotografía © Kasia Derwinska

       Muchas de las personas que tenemos un trastorno mental, sea desde hace poco tiempo o cronificado, evidentemente tenemos limitaciones. Pero yo misma en días buenos, cuando me vienen las ideas a la cabeza y le doy vueltas, he sacado algunas conclusiones de lo que me suele pasar y, como tal vez no soy un caso aislado, lo comparto con vosotros por si os puede ayudar.

       Una limitación muy común es el cansancio. Muchas veces debido al sueño poco reparador o el insomnio. Esto conlleva tener muy poca actividad, casi no salir de casa e ir quedando aislados o con muchas menos relaciones sociales y familiares.

       Es muy conocida la frase, pero no sé quién es el autor -posiblemente un escritor de humanidades- que dice: “Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor“. Le he dado vueltas a la cabeza muchas veces, y el otro día pensé que esta idea se puede aplicar, con diferentes matices, a esta apatía que nos abruma. Tomando esta idea diría: “Donde hay desgana, pon ganas y te entrarán“. Me explico.

       En plena crisis, del trastorno que sea, no estamos para nada; queremos dormir y desaparecer del mapa, aunque nos cuesta mucho coger un rato el sueño y las horas se hacen interminables. Pero, si cuando mejoramos un poco intentamos hacer el esfuerzo de retomar alguna actividad, aunque sea ocupándonos más de las cosas de casa, estando menos horas en la cama, enganchándonos otra vez a cultivar algún hobby que tenemos arrinconado… poco a poco, tal vez muy lentamente, podamos estar más activos y eso es muy positivo. La primera vez quizás sólo conseguiremos hacer cosas unos pocos días; la segunda, algunos días más; y la tercera tendremos que renunciar al esfuerzo al 3er día. No hay que preocuparse por ello. Todo es comenzar y recomenzar a poner ganas, aunque éstas sean escasas.

       Cuanto más ocupada tengamos la cabeza haciendo algo, menos vueltas involuntarias damos a nuestra situación. Y si lo conseguimos, nos llena de esperanza pensar que, aunque tal vez no seremos como antes de ponernos enfermos, sí que hemos dado un gran paso adelante. Y sobre todo, que volvemos a ser capaces de hacer cosas. Cuanto más nos entrenemos, más recursos tendremos para pensar cuando volvamos a bajar al pozo. Al mejorar, volveremos a repetir esta experiencia y cada vez quedará más firmemente asentada en nuestros planes de recuperación temporal.

M. Carme Samaranch


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