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Mi inserción laboral

Camí

Fotografía © Elena Figoli

       Se dice que trabajar, para las personas que hemos sufrido un trastorno mental, es bueno para nuestra salud mental. ¡Como para todo el mundo!

       En mi caso, además de bueno, para mí es algo necesario. Para que no siga dando vueltas a lo que me pasó durante el brote psicótico. Para que deje de pensar siempre en lo mismo. Para que deje de recordarlo.

       Ahora bien, me considero una persona afortunada, que teniendo un trastorno ha conseguido encontrar un trabajo que se ha adecuado a mis características. Pero un trabajo puede ser también negativo para la salud mental de las personas. Por eso os explicaré también las experiencias que tuve en el mundo laboral antes del brote psicótico.

       Tuve experiencias positivas y negativas. Pero, quizás, como persona que próximamente iba a sufrir un brote, las experiencias negativas me hicieron más daño que una persona que no fuese a pasar por un brote.

       Entonces, en dos de las seis experiencias laborales que tuve antes del brote psicótico sufrí mobbing por parte de mis compañeros. Puede haber gente que no haya pasado por esta experiencia y se piense que sólo puede ser de jefes a empleados. Pero existe entre compañeros, y en este caso puede ser más perjudicial que de jefes a empleados. Porque si ya nos sentimos muchas veces indefensos en esta a veces difícil vida, no sentirte ni siquiera con el apoyo de tus compañeros a mí me hizo sentir indefenso y también solo. Lo malo es que esta sensación se produjo en el trabajo y después se trasladó al resto de mi vida.

       Mientras lo sufría, cualquier acción que yo hiciera podía ser objeto de crítica por parte de los compañeros y eso me paralizaba. Esto hacía que no pudiera hacer nada, sólo para que los compañeros no me criticaran. No podía ni siquiera aprender y, en consecuencia, no podía trabajar. Sacando así cero provecho de mí y consiguiendo el objetivo de los compañeros que lo practicaban: Que yo diera una imagen de mí como que era un inútil, un vago y que no servía para nada.

       Se me juntó esto con un empleo que, además, se trabajaba de noche, lo que está psicológicamente probado que no es bueno para la salud mental de las personas, y me dejó tocado. Entonces tuve el brote psicótico. Muchos fueron los factores que provocaron el brote, pero como en este artículo sólo quiero hablar del mundo laboral, sólo me referiré a estos dos ejemplos que he dado como desencadenantes, de los muchos que hubo.

       Pasé el brote psicótico y, aunque la medicación me ayudaba, estaba como si me hubieran dado una paliza: Aturdido, como si no supiera quién era. Estuve así durante un año, hasta que empecé a encontrarme a mí mismo y me puse a estudiar un módulo. Gracias a que me puse a estudiar me demostré a mí mismo que podía seguir aprendiendo. Después de lo que sufrí, sólo quería demostrarme a mí mismo que podía seguir haciendo las mismas cosas que antes.

       Entonces encontré trabajo. Y hasta ahora. Diez años trabajando en la misma empresa y, además, sin coger ni un solo día de baja. ¿Cómo? Pues como he dicho antes, teniendo la suerte de encontrar un trabajo o, mejor dicho, una empresa que es adecuada para mis características. Una empresa en la que se practica y se fomenta la ayuda entre compañeros por el bien común de la empresa. Quizás, al principio, sí necesité más ayuda que la que hubiera necesitado cualquier otra persona. Pero no mucha más.

       Todo aquello tan negativo que fue para mí el brote psicótico hizo que sólo quisiera trabajar para que dejara de pensar siempre en lo mismo. Y con ganas de trabajar y la ayuda de los compañeros cualquier persona es válida laboralmente, en cualquier lugar, para aquello en lo que se haya formado, creo yo.

       Trabajo de mantenimiento y, a veces, la responsabilidad sólo recaía sobre mí. Pero si tenía cualquier problema que no podía solucionar, al coger el móvil siempre ha habido en la empresa alguien dispuesto a ayudarme a solucionarlo. Cuidado, nadie sabía en la empresa que estaba diagnosticado porque ni yo mismo lo sabía, ya que en el CSMA nunca me lo dijeron.

       Así, sin saber que estaba diagnosticado, me tiré a la piscina sin saber que me estaba tirando y encontré trabajo. Parece que lo estoy pintando todo maravillosamente y es que, después de un brote, así es como lo veo. Con los compañeros que tengo claro que ha habido ocasiones en que los he tenido como adversarios, pero nunca como enemigos.

       Me gustaría animar a las empresas a practicar este tipo de ambientes, donde todas las personas -y digo todas las personas sin distinción de ningún tipo-, podemos ser totalmente válidas. Está el estigma según el cual sólo podemos trabajar en algunos oficios: Limpieza, jardinería, etc. Yo creo que una persona con un trastorno que ha estudiado química puede trabajar de químico. Si ha estudiado ingeniería, de ingeniero.

       Así, con la experiencia que he tenido, creo que sería más correcto hablar, no de oficios adecuados para las personas con un trastorno, sino de ambientes de trabajo adecuados para nosotros. ¡Como para todos!

Alfonso Gálvez


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