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Mi vida después de las hipomanías

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Ilustración © Mireia Azorin

Como persona con una problemática de salud mental, he sufrido dos fases de hipomanía en 16 años, con un origen común: los chats y las pocas horas de sueño.

La primera vez me sirvió para descubrir qué es un trastorno como el mío; y la segunda, al menos en mi caso, para ver que si me paro a tiempo no es difícil volver a la vida de antes. Sin tomar ningún tipo de sustancia tóxica, mi cuerpo experimentó el año 2.000 cosas positivas, como una mayor creatividad, mantuve conversaciones divertidas (en mi opinión) con conocidos y desconocidos y estuve más irritable. La parte negativa es que uno puede perder la noción del tiempo y olvidarse de una cita tan básica como la visita al médico. Hace dos años me aceleré igual, pero cuando fui a ver a mi psiquiatra ya había descansado y estaba más tranquilo. Nada de lo que digo es excepcional.

Muchos lectores también habrán pasado por un «Máster» en Relaciones Humanas y Hospitalarias. Seguramente hemos necesitado ayuda y apoyo, y también la hemos dado cuando hemos tenido la oportunidad. El activismo y las entidades que conocemos dan para una cosa y la otra. Lo sabemos bien. Tenemos más presente que nadie que la vida puede ser circular. Nos toca sufrir en la soledad, sin saber a quién recurrir y, cuando disponemos de conocimientos y de gente cercana de confianza, también podemos caer y no sabremos cómo salirnos durante un tiempo… pero lo haremos.

Hace poco que está disponible en la web de la campaña Obertament un estudio que habla de la discriminación por motivos de salud mental. Más del 80% de los encuestados reconocen haber sido víctimas de prejuicios en la sociedad. Tengo la suerte de no haber sufrido un trato injusto en el ámbito educativo porque terminé la carrera y el diagnóstico me llegó a los 25 años. Además, no he sufrido rechazo ni de amigos ni de parejas, pero he ocultado mi trastorno en el trabajo y no he sacado mucho el tema ante conocidos, lo confieso. Era un tema que casi nunca tocaba… Y, claro, he conocido las vivencias de personas que también se han visto violentadas en el ámbito sanitario.

En general, me considero afortunado por mi experiencia vital. Mi problemática no supuso una fuerte sacudida. Y lo que me interesa ahora es hacer entender a los jóvenes que pueden vivir algo parecido, a periodistas y la población en general que no harán bien desconfiando de quien tiene cosas realmente útiles que contar. En una sociedad donde la violencia, los abusos, los miedos suelen ser protagonistas, somos nosotros quienes queremos dar un paso al frente y contribuir a que todos nos conozcamos mejor y nos respetemos más.

David García


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