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Un gran descubrimiento interior

Reflexió

Fotografía © Elena Figoli

Me gustaría explicaros porqué considero que los psiquiatras no han hecho un buen trabajo en mi caso. Porqué considero que han creado más problemas de los que ya tenía y me han hecho la vida más complicada. Y porqué, además, tengo razones para pensar que no han utilizado correctamente los criterios diagnósticos del DSM-IV. Si los hubieran utilizado correctamente, me habrían diagnosticado un trastorno delirante y no esquizofrenia paranoide.

Hay 6 criterios para el diagnóstico de esquizofrenia. Según los psiquiatras que me han tratado, yo cumplo sólo dos de estos criterios, y un tercero es posible. Estos criterios son: síntomas característicos (delirios, alucinaciones, lenguaje desorganizado, síntomas negativos, comportamiento catatónico o gravemente desorganizado) y disfunción social/laboral. De delirios me diagnosticaron unos cuantos: delirio erotomaníaco, de perjuicio, somático, de transmisión de ideas y autorreferenciales. Sólo dos son en parte ciertos, ya que el delirio sólo estaba un poco estructurado y no era totalmente impermeable a las opiniones de terceros: el delirio denominado erotomaníaco y el autorreferencial. En cuanto a la disfunción social/laboral, no es cierta: bajo rendimiento académico no es hacer una carrera y sacar un 6’7; y el aislamiento progresivo desde los 16 años no es relacionarse cambiando de gente y de grupos, por no acabar de encontrar tu lugar, es algo sustancialmente diferente. El tercero, que es posible, es el de la duración.

En realidad el único criterio realmente bien diagnosticado es el del delirio erotomaníaco. No sé si estaréis de acuerdo conmigo en que esto quiere decir que si hubieran utilizado correctamente el manual me hubieran diagnosticado un trastorno delirante de remisión completa.

“All you need is love”, escribió un compañero de ActivaMent en un article, Félix, y yo me pregunto: ¿por qué lo que considero un gran descubrimiento interior, el denominado por la psiquiatría «delirio erotomaníaco», el deseo de amar y ser amada, por encima de todo, por encima de la razón y por encima de las leyes físicas del tiempo y el espacio, debo considerar que fue una experiencia patológica, una disfunción de mi mente? He pedido ya perdón reiteradas veces a la persona de la que me enamoré, una mujer, y he recibido su absolución repetidamente. Actualmente somos las dos de una coral, el CorDesacord, que canta canciones sociales reivindicativas. Pero la verdad, haber ingresado en un hospital psiquiátrico, el hecho de que me hayan obligado a medicarme, haber tenido que pasar por un hospital de día (no me daban el alta del hospital si mis padres no se comprometían a que fuera al hospital de día), haber sido etiquetada de esquizofrenia paranoide (con el autoestigma que genera y la discriminación que provoca), pienso que no me han hecho ningún bien, más bien me han creado problemas que no tenía. Ahora estoy un poco enganchada a la medicación (la dejaré cuando las circunstancias sean menos estresantes) y la gente más cercana a mí no sabe qué pensar, si estoy enferma o no, si yo sé mejor quién soy y qué me pasa o si lo saben mejor los psiquiatras. No digo expertos en salud mental, porque considero que no lo son. La salud mental, pienso, es amar y dejarse amar, y a mí me negaron la asimilación correcta de este descubrimiento interior que tuve, considero que me lo reprimieron y generaron que me produjera vergüenza.

Para los psiquiatras la salud mental sólo es lo que se adapta a unos criterios de normalidad, y ya sabemos que en España es muy normal la corrupción. Bueno, tenemos libertad mental para tener una doble moral, decir que vivimos día y noche para hacer el bien a los ciudadanos mientras robamos todo lo que podemos de los fondos públicos. No hay ningún criterio diagnóstico que lo contemple en el DSM IV o V, aunque esto primero daña a uno mismo (su integridad) y también daña a terceros (crea pobreza): los dos criterios básicos para un ingreso involuntario.

Pero ya no me enfadaré más. Desde la tranquilidad y serenidad pediré una revisión de mi diagnóstico, un derecho que tenemos según la Ley General de Sanidad (Art. 10 y 11 de la Ley 14/1986 de 25 de abril). Y si no atienden a razones, haré mi vida independientemente de sus criterios porque, en mi caso, nadie tiene más autoridad sobre nadie que uno mismo, a menos que se la gane, principalmente con honestidad.

Maria Hernández


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