X

Un cubo de cristal

1381634_10151953787986100_9232638_n

Fotografía © Elena Figoli

   Hoy me siento dentro de un cubo de cristal y os diré por qué: veo lo que me rodea, el movimiento y el funcionamiento de los demás, veo el paisaje, se me plantean diferentes opciones y sitios a los que ir; pero primero que no puedo salir del cubo, y segundo, que además de ello, realmente no estoy segura de si quiero. Me resulta prácticamente imposible en estos momentos decantarme por algo en concreto porque, por un lado, cuando me decanto, a los pocos minutos cambio radicalmente de opinión, como si me asustara lo que he elegido y, por otro lado, porque pese a mi terrible sentimiento de vacío, soledad y aburrimiento siento una especie de fuerza externa (que realmente es interna) que me presiona y me empuja hacia la cama, hacia mi habitación o hacia cualquier lugar reconocido como zona de confort.

     También tengo cierta sensación de miedo por lo que pueda pasar si salgo. Me da miedo elegir, porque una vez salga de casa, si mi plan es con más personas, no voy a poder regresar al menos en un buen rato ya que me haría sentir muy culpable dejar “colgado” a alguien. Tengo la sensación (casi siempre acertada) de que no aguantaré la compostura demasiado tiempo. En más de una ocasión he recibido algún: “¿Pero ya te vas?”; o un: “Encerrándote en casa vas a estar peor”, que me ha forzado (por no saber decir “no”) a quedarme más tiempo y empeorarme (con excepción de algunas veces) o volver a casa con un sabor amargo.

     Ese es otro de mis principales problemas: no saber decir algo tan breve y sencillo como “no”. Y pensándolo y repensándolo, creo que tiene que ver con una baja autoestima, ya que no me creo merecedora de imponer mi posición frente a otra, por más racional o sana que sea. Sería algo como: “Si yo me siento inferior a los demás, mi opinión también debe serlo”. De modo que no soy nadie para contradecir tus deseos. Me da hasta “vergüenza” intentarlo. Pese a todo, he de decir que la terapia de grupo me ayudó mucho con este problema en concreto y que actualmente puedo decir no a muchas cosas que antes era incapaz. Pero todavía queda mucho trabajo.

     Creo que mucha gente puede pensar que cuando aceptas casi cualquier propuesta es porque tienes poca cabeza o porque eres un ser irresponsable y sin personalidad; pero realmente creo que es una manifestación de inseguridad y baja estima a uno mismo que impide hacer valer tus intenciones verdaderas. También por miedo a no complacer al otro, por supuesto. Esto quiero añadir que es un problema que puede llevar a relaciones no equilibradas y que tiene relación con que una gran parte de personas que padecen TLP hayan sufrido malos tratos (como es mi caso).

     Además, quisiera añadir que no saber decir “no” puede llevar a un cúmulo de frustración importante, puesto a que a nadie le gusta hacer cosas que no queremos hacer.

     Ya finalizando, me gustaría añadir que podría extenderme mucho más, ya que el Trastorno Límite de la Personalidad se suele decir que es como “un cajón de sastre”, porque se compone de muchos síntomas diferentes y, además de ello, cada trastorno afecta de manera distinta a cada persona, que también somos un mundo. Por lo tanto, casi podría decirse que lo que he escrito es la punta del iceberg, pero suficiente como para entender la complejidad del trastorno y cómo puede afectarte a ti como individuo y también, en parte, cómo puede afectar a las personas que nos rodean.

     Y ahora sí, por último, quiero recordar que nosotros no somos el trastorno, sino que el trastorno nos afecta a cada uno con nuestras características y valores individuales ya inherentes a nuestra propia personalidad.

Laura Garibaldi


Deixa el teu comentari

Leave a reply

Back to Top