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Anorexia y Bulimia: las dos caras de una misma moneda

Bulimia

Ilustración © Francesc de Diego

    Corren las malas lenguas y se dice por ahí que una bulímica no deja de ser una anoréxica frustrada. Sí, así de duro se las dan, las unas contra las otras. Y mira que hay que ser tontas, ya que anorexia y bulimia son las dos caras de una misma moneda. En todas nosotras el deseo es ser delgadas. Unas, ayunando hasta desaparecer. Las otras, ayunando también, hasta que su cuerpo llega a un punto en que ya no les permite tal aberración y les impulsa a comer sin ningún tipo de restricción (atracón).

     Y claro, después del atracón, les vienen los miedos a engordar, empiezan a sentirse feas, despreciables, sucias, y lo único que pueden hacer es recurrir a su mejor amigo, el WC, aquél al que acudirán a echarle todas sus penas. Su funcionamiento suele ser recurrente: Comienzan el día muy bien, ayunando, como si de una anoréxica se tratara. Pasa el mediodía y siguen bien, aunque ya su ansiedad va subiendo. Pasan la media tarde, su ansiedad está ya por las nubes. Y a la noche… ¡Atracón total!

     Entonces, devoran una gran cantidad de comida sin ni siquiera saborearla, muy deprisa y con gran nerviosismo. Es todo ansiedad. Y hasta que no están satisfechas, no pueden parar. Sus mezclas de alimentos pueden ser del todo desorbitadas. A veces, son tales los banquetes que se dan que terminan ahítas y sin poder moverse del sitio. El organismo no acepta tanta comida y quedan como aletargadas durante horas. Normalmente, los atracones son de todo aquello que en los ayunos no se han permitido.

     Igual que en la anorexia, en la bulimia el síntoma se utiliza para manifestar su malestar. Es decir, no se atracan o vomitan por placer o porque quieren. No es tan simple, todo esto va más allá. Manifiestan sus miedos, ansiedades, preocupaciones, enfados, rabia, etc., mediante la comida. En este caso, atracándose y luego vomitando. En menor número, hay quienes, en vez de recurrir al baño, se laxan al no poder más o se machacan horas en el gimnasio.

     Como vemos, estos dos grupos en realidad tendrían que ser sólo uno. Igual que en la anorexia, en la bulimia se utiliza la comida para bajar la ansiedad, pero de otra forma. Aunque hay casos en que después de un atracón y del vómito correspondiente, a la persona le vuelve a subir la ansiedad y vuelve otra vez el atracón y el vómito, y así sucesivamente. El síntoma domina sus vidas.

     La bulimia suele pasar más desapercibida que la anorexia, ya que el peso se va manteniendo o varía en un intervalo de entre 2-4 kg, cosa que casi no se nota. En cambio, a las personas con anorexia, al estar tan caquécticas, se nos ve de lejos. Sin embargo, podemos reconocer si una persona sufre bulimia por las señales que les quedan en las manos: el ácido del estómago deja heridas, a la altura de los nudillos.

     Pero si una se lo propone, por muy grave que esté en el momento, puede salir de este infierno. Sólo es cuestión de mucha fuerza de voluntad, de pedir ayuda a los familiares y amigos, y de recurrir a la sanidad. Hay que hacer en todo momento caso de tu psiquiatra y/o de tu terapeuta, aunque haya veces en que pienses que se están equivocando. Pero no, ellas y ellos han visto mil casos como el nuestro y saben mucho más que nosotras mismas -aunque nos creamos omnipotentes y que lo sabemos todo-. Cada doctor/a o terapeuta lleva años tratando a personas con estas patologías, así que ya tienen bastante claro por donde deberá ir el tratamiento y la psicoterapia.

     Con todo esto, animo a todas a que pidáis ayuda, a que lo gritáis a los cuatro vientos, que no os avergüence tener esta enfermedad, porque tener esto es como tener cualquier otra enfermedad. Se sufre mucho si no la paras a tiempo y, dada mi experiencia, sé que en cuanto antes os pongáis a luchar contra ella, mejor. Antes saldréis y más fácil lo tendréis. ¡Ánimos a todas y a todos!

Nina Febrer


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