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Negando los Problemas

Ilustración © Sergi Balfegó

     A mi madre se le va la memoria. Y si se le dice, se enfada. Ya tiene muchos años, pero cree que tiene la mente igual de fresca que cuando tenía veinte años. Mi madre niega unos síntomas evidentes. Entre otras cosas, porque se pasa el día buscando objetos que no recuerda dónde los ha dejado.

Las personas con problemas de salud mental en muchos casos actuamos de manera idéntica. Y en ocasiones de forma mucho más grave. Las personas con un trastorno de esquizofrenia, por ejemplo, creemos que lo que pasa en nuestra mente es real. Y si vemos como evidente que se trata de un delirio, buscamos las ideas más extrañas para seguir creyendo en él. Así, podemos pensar: “escucho voces en mi cabeza porque me han instalado un microchip dentro del cráneo”. No entramos aquí a considerar si escuchar voces es siempre patológico (un 15% de la gente escucha voces en ocasiones). La cuestión es que nos damos cuenta de que tenemos ideas irracionales o creencias erróneas en un brote psicótico. Pero buscamos justificaciones. Nos encontramos desconcertados por lo que tenemos en la mente. Por ejemplo: “por la televisión hablan de mí porque conozco una información que podría cambiar el destino de la humanidad”. Muchos no queremos aceptar los problemas.

Esto es especialmente importante para las personas que tienen poca experiencia con su trastorno.

Es normal en una fase de euforia del trastorno bipolar que la persona enferma tenga una sensación subjetiva de, además de euforia, bienestar. Una sensación de seguridad y claridad de ideas que es muy difícil que quien la siente pueda considerarla como problemática.

Es muy difícil en esta situación encontrar soluciones a los problemas. Nos negamos a tratarnos y el problema crece y crece, tanto para nosotros como para nuestras familias.

Todas estas cosas se llaman los Síndromes de Autoconciencia. Ni sabemos ni queremos saber que estamos mal. Lo he vivido en mi propia piel porque mis delirios para mi eran muy reales. Y la mezcla de delirios y la euforia formaban una combinación explosiva. ¿Para qué ir al psiquiatra si lo que pasa en mi cabeza es perfectamente lógico? ¿El psiquiatra ya sabe lo que está pasando?

Y ya lo digo, es un asunto de difícil solución. Pero cuando nos veamos que tenemos ideas demasiado fantásticas para ser reales, intentemos hablar con otras personas o con un profesional de nuestros pensamientos. Contrastar con otra persona nos puede hacer ver que hemos perdido la realidad de vista. Podemos cortar una serie de pensamientos irracionales. Y entonces podemos buscar ayuda lo antes posible. Es mejor actuar sobre la situación antes de que se haga demasiado importante.

Fèlix Rozey


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