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Locura y Genialidad: un prejuicio arraigado

John Nash

John Nash por © Sergi Balfegó

     En nuestra sociedad hay varias ideas prejuiciosas y estereotipadas con las que se representa a las personas que vivimos con un trastorno mental. Algunas de estas creencias erróneas son evidentemente negativas. Por ejemplo, la atribución de peligrosidad y/o de impredecibilidad. De este prejuicio ya hablamos en la Parte I y Parte II de «Trastorno Mental y Violencia, ¿qué dice la ciencia?»

     Ahora bien, también hay otras creencias que, aunque en principio parecen positivas y favorables para las personas con trastorno mental, son tan prejuiciosas y perniciosas para nuestro colectivo como la atribución de peligrosidad. Una de estas creencias presuntamente positivas es la asociación del trastorno mental con la genialidad y/o la creatividad artística. Este es un prejuicio fuertemente arraigado y difundido en nuestra sociedad. De hecho, actualmente proliferan en Internet, las revistas y la prensa los artículos que hablan de históricos «genios-locos«, pretendiendo así argumentar a favor de esta asociación.

     Como veremos, este estereotipo es erróneo, pero su falsedad no reside en el hecho de que los científicos y artistas que se mencionan en los artículos no tengan un trastorno mental. La historia nos enseña que gran cantidad de personas que admiramos vivieron un problema de salud mental. Así, entre otros, encontramos a John Nash, Vincent van Gogh, Virginia Wolf, James Joyce, etc. Por el contrario, el estereotipo es falso porque le atribuye la genialidad al hecho de tener un trastorno mental. Esta idea es tan incorrecta como perniciosa.

     La atribución de genialidad/creatividad es incorrecta porque el trastorno mental puede afectarnos a todos, con independencia de nuestras capacidades intelectuales o creativas. El nivel cognitivo o la formación de una persona no es un factor causal, ni un protector, para los trastornos mentales.

     Entonces, ¿como se explican tantos/as genios con su salud mental afectada? La respuesta es simple: se trata de una cuestión de estadística. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud nos dice que el 25% de la población del mundo pasará un problema de salud mental a lo largo de su vida. A día de hoy, esto significa que más de 1.750 millones de personas se verán afectadas en un momento u otro. Entre tal cantidad de personas, habrá de todo: algunas vivirán con una deficiencia intelectual, una gran mayoría tendrá unas capacidades cognitivas estándar y una pequeña proporción de personas serán geniales y/o artistas creativos. ¡¡¡Pero es que una pequeña proporción de 1.750 millones son muchísimas personas geniales!!!

     Como hemos dicho, este estereotipo no sólo es erróneo sino también pernicioso, razón por la cual debe ser rechazado y combatido. Para empezar, el prejuicio es nocivo porque insinúa y presupone que las personas con un trastorno mental tenemos una cualidad que nos hace diferentes, y eso es discriminatorio. Las personas con trastorno mental no somos un tipo especial de ser, no somos cualitativamente diferentes al resto de la población, ni nuestra identidad se define por una única condición. Reducirnos, definirnos y explicar todas nuestras conductas a partir del diagnóstico es un acto de discriminación.

     Pero es que, además, la atribución de una tendencia a la genialidad y/o a la creatividad artística no se hace porque se nos presupongan mayores capacidades cognitivas. El prejuicio no dice que las personas con trastorno mental seamos intelectualmente superiores al resto de la población. Por el contrario, el estereotipo se basa en la creencia de que quien tiene un trastorno mental está más conectado con el inconsciente, tiene menos censura y control racional y está más libre de las restricciones culturales. Es decir, es otra forma del prejuicio de impredecibilidad. La atribución, entonces, nos presenta como menos humanos, no tan racionales y más desligados de las normas sociales.

     En definitiva, incluso este prejuicio que podría parecer positivo, es una reproducción, bajo nuevas formas, de las ideas más discriminatorias y perniciosas para las personas con trastorno mental. ¡¡¡No somos ni más ni menos, capaces o incapaces, racionales o irracionales, que ninguna otra persona sin diagnóstico!!!

     Si aceptas este estereotipo, quizás sin querer, estarás discriminando o autodiscriminándote.

Hernán Sampietro


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