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Trastorno Mental y Violencia: ¿Qué dice la ciencia? (Parte I)

Fotografía © Irina Santos

     Hace ya algún tiempo que deseaba escribir este artículo. Sobre todo a raíz del tratamiento sensacionalista y estigmatizante para nuestro colectivo que ha recibido el “caso Breivik”.

   Así, pese a que las pericias determinaron que no padece ningún trastorno mental grave, buena parte de los artículos lo señalan como “asesino loco”. Esta situación, además, no es anecdótica, ya que una gran proporción de noticias y mensajes que difunden los medios de comunicación sobre las personas con trastorno mental nos señalan como violentas, impredecibles y peligrosas. Así, por ejemplo, según un estudio publicado por la Universidad Complutense de Madrid, en España los medios informan poco y mal sobre el trastorno mental y, en un alto porcentaje, son noticias asociadas al tema de la peligrosidad.

     Dada esta situación, creo que es fundamental responder a la duda: ¿Somos o no somos las personas con un Trastorno Mental más violentas y/o peligrosas que el resto de personas de la sociedad? ¿Qué dice la investigación científica?

     Se han hecho numerosos estudios para responder a esta cuestión. Algunos de estos trabajos niegan que el trastorno mental sea un factor que haga incrementar la tendencia a la violencia y el crimen. Por el contrario, afirman que esta es una idea prejuiciosa. Como argumento, se señala que en las sociedades que llevaron a cabo un proceso de desinstitucionalización psiquiátrica y externalización de las personas usuarias de estos servicios, las tasas de violencia y los crímenes han descendido. Además, señalan que las estadísticas policiales y judiciales sobre este tema no se corresponden en absoluto con las informaciones de los medios de comunicación.

     Sin embargo, también son numerosos los trabajos que afirman lo contrario. Según estos estudios, el trastorno mental sería un factor de riesgo, aunque moderado, para los actos de violencia. Ahora bien, la gran mayoría de estas investigaciones se basan, tan sólo, en el análisis de personas que ya han cometido crímenes y/o que están institucionalizadas en hospitales psiquiátricos. Es decir, se basan en lo que se conoce como una “muestra sesgada”. ¿Qué es una muestra sesgada? Es una selección de un subgrupo que no representa al conjunto y que lleva a conclusiones erróneas.

     Encontramos un ejemplo de muestra sesgada en las investigaciones que, partiendo de los pacientes heroinómanos que están ingresados en centros de desintoxicación, preguntan sobre la primera droga que han consumido. De esta manera, concluyen erróneamente que el cannabis es el primer paso hacia la adicción a la heroína. Este argumento es una falacia lógica. Sin embargo, por muy falaz que sea el razonamiento, este tipo de investigaciones proliferan en las ciencias sociales.

    En nuestro caso, quienes consideran como “evidencia” del supuesto vínculo entre trastorno mental y violencia el porcentaje de personas que hay encerradas por haber cometido un crimen o un acto violento y que, como causa o consecuencia del encierro, tienen un trastorno mental, desconocen los principios básicos de la lógica.

     Por otra parte, también pueden encontrarse unos pocos estudios basados en un muestreo representativo de la población general y cuyas conclusiones, por lo tanto, no están sesgadas. ¿Qué concluyen estos trabajos? Contrariamente a lo que nos dicen las ideas estereotipadas, estos estudios afirman que tener un trastorno mental no es un predictor fiable de conductas violentas. Más bien, esta atribución errónea se debería a una confusión con otras patologías, como el Desorden en el Uso de Alcohol y Drogas.

     En este sentido, el hecho de que con frecuencia un Trastorno Mental curse junto a un Desorden en el Uso de Alcohol y Drogas –lo que se conoce como Patología Dual-, explica en parte la persistencia del prejuicio que atribuye a las personas de nuestro colectivo una tendencia intrínseca a la violencia.

     Ahora bien, ¿servirán todas estas investigaciones para modificar de una vez las ideas prejuiciosas y discriminatorias hacia nosotros/as? Sospecho que no. La ciencia también nos enseña que los prejuicios no son sólo cuestión de ignorancia, sino de valores; motivo por el cual se resisten a la evidencia.

Hernán Sampietro


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