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«Hacer»

desidia-amargor

Ilustración © Sergi Balfegó

     A veces, nos abandonamos porque pensamos que es tan poco lo que podemos hacer para mejorar una situación que no hacemos nada. Y creo que eso es un error.

     Ya sé que es difícil cambiar la forma de pensar. O que a veces los problemas son tan grandes que no quieres hacer más que meterte en la cama y no salir. Pero las personas con problemas mentales no podemos hacer lo que nos pide el cuerpo. Por poco que podamos hacer, debemos entrar en movimiento. En muchas ocasiones, simplemente ponerse a hacer lo poco que se puede hacer nos abre perspectivas mejores. Y nuevas acciones de mejora. Es difícil ir al Centro de Día y socializar, o simplemente levantarse por la mañana o cambiar de hábitos. Pero en muchas ocasiones, una cosa lleva a la otra y es como una bola de nieve que al comienzo cuesta de hacer crecer, pero que después ella sola se hace, pendiente abajo, enorme. Aparte de que si tenemos un problema y hacemos todo lo que podemos hacer, salvaremos nuestra autoestima.

     Estás acostumbrado a unos pensamientos que te hacen daño. O tienes el hábito de quedarte en la cama y dormir 12 horas. Y todo eso es malo para ti. Aprender a no ser desgraciado puede ser difícil.

     Yo estaba acostumbrado a estar deprimido y era una situación que parecía no tener salida. Pero lentamente dejé atrás una depresión crónica. Cambiando poco a poco los pensamientos.

     No tenemos porque aceptar todas las cosas que conlleva un trastorno mental. No tenemos porque aceptar la soledad, por ejemplo. En ocasiones, podemos ir al Centro de Día y relacionarnos. O a un Club Social.

     Los psiquiatras y psicólogos pueden ayudar, pero la decisión más importante la tenemos que tomar nosotros mismos. Si nosotros no nos movemos, nadie lo hará por nosotros.

Fèlix Rozey


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